Opinión

Correr para ganar

Lee aquí la columna de opinión del vicepresidente de Proyecto Dignidad.

Portada de la columna de Juan Manuel Frontera Suau, con su rostro y cargo en el partido Proyecto Dignidad.
Juan Manuel Frontera Suau columnista Juan Manuel Frontera Suau.

En Puerto Rico enfrentamos una crisis de violencia rampante, en donde se debaten las soluciones como si fuese tomarse una píldora. La complejidad que tiene el enfrentar el problema social de la violencia, en una sociedad en donde todo está al servicio de un discurso simplista, le quita las ganas a uno de intentarlo. Son muchos los factores: pobre educación, deserción escolar temprana, falta de oportunidades de desarrollo, servicios de salud mental deficientes y limitados, altos consumos de alcohol y drogas, un sistema judicial incapaz de otorgar justicia a tiempo y efectiva, una policía desmoralizada, sin recursos y en la pobreza. Estos son tan solo algunos de los factores principales que forman parte del caldo de cultivo de la violencia en Puerto Rico.

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Las soluciones ofrecidas no son fáciles, y al analizarlas con detenimiento, a menos que se den de una manera concertada y amplia, con una visión a largo plazo y con cambios puntuales y prácticos, nada sucederá. “Legaliza la droga como en Portugal, allí se solucionó la cosa” dicen por ahí. Pero esa solución simplista es como cuando quitas un hilo de una alfombra, pues quizás lograrás con ella aliviar la carga en los tribunales, pero creas un sinnúmero de otros problemas sociales, que, si no los contemplas, y tomas medidas para atenderlos, fracasas. Hoy en día, Portugal lucha con la violencia pandillera entre sus jóvenes, pues la ilegalidad siempre va a florecer entre los seres humanos.

La imperiosa dependencia económica en la que está sumergida nuestra Isla, con una gran dependencia de fondos federales, unos acuerdos de deuda negociados, y por negociar, que ponen en riesgo real el desarrollo económico de nuestras familias y comunidades, enmarcadas en una política pública de desarrollo económico dirigida por el amiguismo y las conexiones a una pequeña oligarquía local y federal, ponen sombras sobre el horizonte. Romper con estos patrones sociales y económicos que nos han formado por centurias no es fácil ni inmediato.

Una Junta de Supervisión Fiscal que ha venido a ser el quinto piso de una estructura burocrática gubernamental que anquilosa cualquier intento de romper con las estructuras oligárquicas que permitirían un cambio real en la manera en que se lleva a cabo el servicio público en Puerto Rico. Cierto, ha servido para frenar intentos de algunos políticos creativos que ven en las estructuras del Estado la única solución a los problemas de la Isla. Pero, a su vez, han servido para refrendar el amiguismo y la conexión a otras escalas, y a otros niveles. También ha impulsado activamente la privatización de la administración y generación de la AEE, los puertos de cruceros, y otros, como píldora absolutamente sanadora, sin mirar las capacidades de nuestra estructura gubernamental para fiscalizar estas operaciones privadas, pasando por alto disposiciones contractuales increíblemente adversas a los mejores intereses del futuro de nuestro pueblo. Nuestro futuro está hipotecado a 20, 30 y 40 años.

Mientras todo lo anterior sucede, y a nivel internacional el mundo se encuentra en vilo ante la guerra entre Ucrania y Rusia, la crisis en las relaciones entre China y Estados Unidos y los efectos de esos conflictos geoeconómicos, en Puerto Rico nos dedicamos a celebrar vistas politiqueras en la legislatura, a atender proyectos sobre licencias para “personas” menstruantes y a mover cielo y tierra para reparar un alegado agravio imperdonable contra una comunidad sagrada e intocable por expresiones sacadas totalmente fuera de contexto hechas por la esposa de un alcalde. A su vez, los medios se dedican a seguir promoviendo las opiniones manoseadas de aquellos que tienen dedos amarrados y conciencias entenebrecidas por sus actos negligentes de administración pública.

El reto de dirección y liderato que tiene Puerto Rico es gigantesco. Muchos estamos de acuerdo en que hay una ventana pequeña de tiempo para lograrlo. Esa ventana para hacer una transición de visión y forma de trabajo en ese liderato se cierra, pero la ansiedad y el dolor del pueblo pone en riesgo su capacidad de discernir los peligros que tocan a su puerta. Ante estas adversidad, no hay tiempo que perder. Es necesario ofrecerle a Puerto Rico ideas concretas, puntuales y probadamente efectivas, a ser ejecutadas por gente honesta y de carácter. Ese es el reto que hemos asumido en Proyecto Dignidad. ¡Vamos a correr para ganar!

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