Columna de David Hernández: Una vida esencialista
Detente por un momento y evalúa que cosas en el pasado hiciste que pudieron esperar, o mejor aún, repasa los últimos días y evalúa que situaciones en el ámbito…
Por David Hernández
Detente por un momento y evalúa que cosas en el pasado hiciste que pudieron esperar, o mejor aún, repasa los últimos días y evalúa que situaciones en el ámbito personal o en el trabajo te envolviste en alguna tarea que te haya restado tiempo de otras tareas que resultaron ser más importantes de lo que hiciste.
Cuantas veces gastaste la energía en preocupaciones, malos ratos o energías en asuntos que pudieron esperar o sencillamente no valían la pena perder el tiempo en ese tema en particular.
Si fueras a acumular el tiempo y la energía invertida en esos “momentos no esenciales” cuánto tiempo habrás invertido. Ese “tiempo” te hubiera servido para perseguir la felicidad. Vivir la vida de manera esencial es la meta que uno debería perseguir.
Cuando eres capaz de vivir de manera esencialista, podemos entonces ser mejores de lo que somos como personas. Esto te traerá la capacidad de vivir una vida más completa, solo porque serás capaz de vivir una vida contraria a la que viven los demás. En otras palabras, mientras unos viven una vida de estrés y desasosiego, tú serás capaz de vivir una vida relajada y de serenidad. Mientras otros viven su vida afanados por obtener logros, tú buscarás vivir una vida que deje buenas impresiones en los demás porque sabes que los logros están a la vuelta de la esquina.
Cuando somos capaces de ser “esencialistas” decides vivir y aceptar tu propia naturaleza porque eres capaz de ver y vivir con lo esencial. Aprendes aceptar que nada puede cambiar tu esencia como persona, no importa lo material o las aspiraciones personales que tengas, no determinan quien eres. Una posición gerencial y ganar más dinero no hará que seas mejor o altera la naturaleza de quien eres. Cuando aspiramos a cosas materiales o aspiraciones personales en realidad lo que buscas es como deseas que te vean los demás, haciéndote de la idea que esto te ayudará para que otros te valoricen más. En esencia, sigues siendo la misma persona, solo que estás viviendo las dificultades que implican vivir a la altura de los demás o del ego que deseas alimentar.
Por lo tanto, es importante pausar y plantearnos la siguiente pregunta cuando nos empuja el ego; ¿Esto me trae necesariamente la felicidad que busco?
No estamos cuestionando nuestra capacidad de obtener algo material o trabajar hacia unas aspiraciones personales. Si la capacidad está ahí, el esencialista sabe que trabajar hacia hacerlo mejor, lo hará con el mínimo esfuerzo, ya que el esencialista está consciente que lo que le corresponde le llegará. Lo importante es reconocer que lo que hagamos no sea para vivir de apariencia, viviendo más allá de nuestros medios, pues eso sólo nos traerá a la larga preocupación e infelicidad.
Comprendo que es fácil caer en esa paradoja de lo que nos han enseñado lo que significa “éxito” y con cada escalón que alcanzamos nos proponemos nuevas metas, objetivos y deseos de nuevas oportunidades que en realidad solo representan nuestra insatisfacción de lo que ya hemos logrado. En otras palabras nos volvemos algo adictivos en nuestra persecución de lograr más, sintiendo una necesidad insaciable de obtener mayores logros. ¿Cuándo damos por terminado tales aspiraciones? ¡Nunca! Pues cada logro que alcanzas traerá el deseo de lograr algo más.
Un ejemplo que podríamos dar es la vida de Mahatma Gandhi que en su visita a Sur África vio la opresión que existía. Fue ahí donde encontró su misión de vida y su deseo para luchar por los menos afortunados y oprimidos. Con ese único propósito, decidió eliminar toda distracción que le podría distraer de su propósito.
Claro, esto podría parecerle algo exagerado pues socialmente estamos envueltos en el consumerismo; ¿acaso no es esto una de las causas de la infelicidad? Entre más aspiramos por obtener más, mas nos desenfocamos de nosotros mismos. El llevar una vida tan “ocupada” en querer obtener, más nos alejamos de lo esencial.
Es de vital importancia que aprendamos a definir cuáles son las prioridades en nuestra vida. ¿Realmente crees que los bienes, las aspiraciones o los lujos es lo que te traerán la felicidad que buscas? Es efímero, eventualmente aspirarás o establecerás otros objetivos cuando te canses de lo que tienes o has logrado.
El esencialista hace menos pero establece el objetivo de querer hacerlo mejor, mientras que el no esencialista piensa que todo lo tiene que hacer y que es necesario complacer a todo el mundo. El esencialista siempre discierne, elimina los obstáculos y se concentra en lo que realmente es importante, mientras que el no esencialista siempre reacciona a las presiones exteriores, no sabe decir que no. Como consecuencia, el esencialista va a vivir una vida más sosegada, siente que su vida tiene más control, mientras que el no esencialista vive una vida en caos, confusión y la falta de tiempo en su vida es algo común.
¿Cuál de los dos puede lograr mayor felicidad?
La idea no es que lleguemos al destino, es cómo disfrutamos el camino que emprendemos para llegar al mismo. No es cuánto más puedo impresionar a los demás, es cuán satisfecho puedo estar conmigo mismo. Es aprender a vivir con propósito y no como consecuencia a las situaciones que se nos presentan. Es saber separar lo que realmente es importante de las situaciones más triviales. Esto es lo que hará que vivamos una vida de menos esfuerzo, obteniendo un progreso significativo en la vida nuestra.
Como parte de nuestro objetivo es ser feliz, tenemos que sacar del medio todo aquello que nos pueda traer infelicidad. Concentrándonos en vivir una vida esencialista. Viviendo ese estilo de vida, no solamente vivirás mejor, serás mejor como persona, empleado, pareja y padre. A lo largo de tu vida, lograrás más y te sentirás más exitoso. Lo que te habrá de llegar vendrá no por tu mayor esfuerzo, llega por tu mejor esfuerzo.
Te invitamos a leer estas notas:

