Columna de Rafael Lenín López: ¿Qué más quieren?
Si hacemos la lista, es larga. ¿Cúantas oficinas y transacciones ha realizado el Gobierno a un costo inmenso con tal de no corregir lo mal que hace?
Por Rafael Lenín López @LeninPR
Si hacemos la lista, es larga. ¿Cúantas oficinas y transacciones ha realizado el Gobierno a un costo inmenso con tal de no corregir lo mal que hace?
La Legislatura acaba de aprobarle al ejecutivo una versión aguada de su propuesta para crear una Junta de Supervisión Fiscal con el propósito de que un nuevo ente vigile la utilización del dinero público. Aunque la idea original del gobernador suponía una junta con unos poderes extraordinarios, los mismos fueron limitados por los propios senadores y representantes, evitando delegar sus facultades y anticipando un cuestionamiento constitucional de la oposición política.
Los legisladores aprobaron la creación de esta nueva junta, muchos de ellos a regañadientes, bajo la premisa de que Puerto Rico no tiene credibilidad ante los mercados financieros y que, exclusivamente para los bonistas, tiene que crearse esta cosa que otorgue confianza y que dé la sensación de que el Gobierno tendrá un hermano mayor que lo estará velando.
Este escenario plantea varios problemas. El primero de ellos, el más grave, es que expone otra vez nuestro impedimento colectivo de recordar la historia reciente para no repetirla como nos aconseja el dicho popular.
El mundo financiero que hoy pide la Junta de Supervisión Fiscal fue el mismo que, mientras nos degradaba el crédito hasta la saciedad, arrinconaba al Gobierno para que aprobara todos los impuestos posibles y de esa forma asegurar los pagos a la deuda. Hoy estamos ante un impago; más impuestos que antes; el Gobierno sigue sin crédito, y el mercado sigue exigiendo. Lo triste es que Puerto Rico no
para de concederles.
Esta junta supondrá otra oficina gubernamental que aumentará los niveles de burocracia y servirá para generarles empleo a unos pocos.
Esta semana, José Nadal Power, presidente de la Comisión de Hacienda del Senado, reconoció que los miembros a nombrarse para esta junta tendrán la función de “validar” los números que emiten otras agencias sobre la realidad de las finanzas públicas.
¿Acaso no hay oficinas repletas de funcionarios para esos fines? En la Oficina de Gerencia y Presupuesto, el Banco Gubernamental de Fomento y en el Departamento de Hacienda debe haber numerosos empleados cuyas tareas seguramente incluyen corroborar las cifras que manejan a diario al momento de disponer del dinero que se recauda por distintas vías. Pero no, hemos decidido que lo mejor es crear otra agencia para hacer expresamente ese trabajo.
Como este, tenemos demasiados ejemplos que denotan el fracaso del Gobierno para enfrentar correctamente sus deficiencias.
Si el Departamento de Educación no funciona, le entregamos escuelas a organizaciones privadas sin fines de lucro. Si Obras Públicas no tiene chavos y no puede operar una autopista, hacemos una alianza público privada. Si la Autoridad de los Puertos no puede administrar el principal aeropuerto del país, lo arrendamos a 40 años. Ahora, si nuestros contables y peritos financieros no trabajan bien, pues creamos una junta que los supervise. Todo a cuenta del bolsillo ciudadano.
Así se nos han ido las propiedades públicas y se han desacreditado las agencias. El Gobierno ha asumido como realidad una alegada incapacidad de manejar lo nuestro y que sea el de afuera, literalmente, el que dé instrucciones sobre lo que se debe hacer. Esa mentalidad, con claras explicaciones sociopolíticas, es transmitida y adoptada por el país que ve, cada día con más naturalidad, todas estas transacciones. Después nos preguntamos por qué gran parte de los puertorriqueños se mudan al exterior. Claro, se nos ha vendido la idea de que allá afuera todo se trabaja mejor.
Sin pretender que nos aislemos del mundo, es importante comprender que nuestro país tiene la capacidad para atender las dificultades que enfrenta con los talentos que produce esta tierra. Las universidades puertorriqueñas sacan a la calle anualmente profesionales de primera, pero muy pocos, por diversas razones, en su mayoría ajenas a su voluntad, son incluidos en el proceso de formulación del plan para el desarrollo del país.
Aunque esa mentalidad impere y no parezca desaparecer en el futuro cercano, siempre es pertinente descorrer el telón. Esta Junta de Supervisión Fiscal es una hecha a la medida de los más poderosos acreedores. Lo próximo será el proceso de nombramientos de quienes la conformarán y ante eso hay que estar pendientes, porque ellos nunca han estado conformes y nunca lo estarán.
Siempre quieren más.
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