Columna de Rafael Morales: Traicionar a Dios
Lejos de representar un capítulo final, la histórica decisión del Tribunal Supremo de Estados Unidos que legalizó en ese país –y en Puerto Rico- los…
Por Rafael Morales @RafaelMoralesPR
Lejos de representar un capítulo final, la histórica decisión del Tribunal Supremo de Estados Unidos que legalizó en ese país –y en Puerto Rico- los matrimonios entre parejas del mismo sexo, abrió la puerta a un nuevo frente en la lucha por la igualdad.
Desde hace varias semanas, las parejas gays y lesbianas que desean legalizar sus uniones pueden hacerlo. Atrás quedaron las numerosas complicaciones legales que podían enfrentar los ciudadanos a quienes hasta hace poco se les negaba los mismos derechos que disfruta la mayoría. O al menos, así debe ser bajo el nuevo ordenamiento.
Sin embargo, lo que para muchos –gay y straight– ha sido motivo de celebración y júbilo, para otros ha significado la confirmación de posturas basadas en el odio, la ignorancia y el fanatismo religioso.
Tomemos el caso de Kim Davis. La funcionaria electa en un condado del estado de Kentucky, se ha convertido en símbolo del discrimen y arrogancia religiosa. La llamada county clerk, encargada de emitir las licencias de matrimonio en el condado de Rowan, se ha negado a acatar el dictamen del Supremo y a entregar licencias a parejas del mismo sexo. Pero Davis no se limitó a incumplir la ley y hacer caso omiso a varios fallos judiciales en su contra; prohibió a sus empleados emitir licencias matrimoniales. En su rebeldía, Davis decidió suspender la entrega de licencias a toda pareja, sin importar su composición.
La funcionaria alega que sus creencias religiosas le impiden validar las uniones entre parejas del mismo sexo. Su reiterada negativa a cumplir con su trabajo la llevó a ser encarcelada.
Nuevamente, se utiliza la religión para discriminar. Como empleada gubernamental, Davis está obligada a realizar su trabajo y prestar servicio a todo ciudadano. Si es incapaz de separar su creencia personal de su trabajo, el cargo público le queda grande.
La county clerk ha reiterado que firmar licencias de matrimonio de parejas gay o lesbianas equivaldría a traicionar a Dios. Muchos que la apoyan la han llamado una mártir por la libertad religiosa.
Lo de mártir le queda demasiado grande. Ni esta dama, ni funcionario público o electo alguno tiene el derecho a utilizar su fe como pretexto para negar servicios. Su patrono es el condado, el estado, o el que aplique según el caso. Ella tiene todo el derecho a pensar lo que quiera sobre la homosexualidad, pero eso no significa que pueda pisotear la dignidad de otros seres humanos.
La verdadera traición a Dios la ejecutan quienes luego de ponchar en la iglesia, ocupan su tiempo juzgando al prójimo, desatendiendo a sus hijos, engañando a su cónyuge, dando prioridad a lo material y haciéndose de la vista larga cuando se tropiezan con una persona sin hogar o alguien que le pide una ayuda, por mencionar algunos ejemplos. Traicionamos a Dios con la falta de compasión y la hipocresía.
El fundamentalismo religioso, junto a los políticos que les hacen coro, seguirán su agenda contra la igualdad. Los desgastados clamores seguirán violando la separación de iglesia y estado, pretendiendo imponer su visión sobre todos.
Quienes defendemos la justicia y la igualdad no podemos bajar la guardia ante actuaciones como la de Kim Davis y la de cualquiera que pretenda invocar la mal llamada libertad religiosa para promover el discrimen.

