Columna de David Hernández: Cuando ya no estemos
¿Qué nos espera cuando ya no estemos? ¿A dónde vamos? ¿Tendremos consciencia de lo que fuimos y recordaremos a quiénes amamos? Estas y muchas preguntas más…
Por David Hernández
¿Qué nos espera cuando ya no estemos? ¿A dónde vamos? ¿Tendremos consciencia de lo que fuimos y recordaremos a quiénes amamos? Estas y muchas preguntas más, nos la planteamos cuando llegamos a cierta edad. Existe un momento de nuestras vidas en donde comenzamos a hacernos preguntas que algunos llamamos, preguntas existenciales. ¿Nos condenará eternamente nuestro Dios porque no fuimos como Él quiso? Los 70 o 90 años de existencia en esta tierra, que son segundos para Dios: ¿pesan tanto que merecemos la hoguera eternamente? Cuando pequeño le pregunté esto a mi padre, después de haber escuchado a un pastor decir enérgicamente que nos arrepintiéramos o sufriríamos eternamente en el infierno.
Recuerdo haberle preguntado si él sería capaz de castigarme eternamente, si fuera capaz de hacerlo. Sus ojos delataron que sería mucho más misericordioso que el Dios que él conocía. El Dios que yo siempre he sentido es uno de amor, que lejos de juzgarnos, nos da una y otra oportunidad para que aprendamos de nuestras lecciones.
Si no hay una eternidad en el infierno; ¿existirá el diablo? El Lucifer que yo conozco es el personaje que se alejó de la luz, o sea, se distanció del amor de Dios, y cuando nos alejamos de la luz habrá una ausencia de amor en nuestras vidas. Le damos permiso para que se manifieste la oscuridad, o sea, el ego. Entonces, ¿qué ocurre cuando ya no estemos?
Las respuestas que buscamos no se encuentran encerradas necesariamente en un libro, no está, necesariamente escrito en este artículo, pues cada persona, de una manera muy individual tendrá las lecciones que le correspondan, le serán revelados los secretos que le conciernen y encontrará el camino hacia el crecimiento espiritual que le toque. No es quién está mejor espiritualmente, que religión estará más favorecida o qué creencias o dogmas son las verdaderas, pues el camino que cada uno de nosotros tomemos nos conducirá siempre, al mismo lugar.
Lo importante es que lo que busquemos lo hagamos siendo honestos con nosotros mismos, aceptando nuestra real naturaleza. Que despertemos el amor en nosotros, aprendiendo a valorarnos y amarnos tal cual somos. Reconociendo que solo podemos dar lo que en realidad tenemos para nosotros mismos. Una vez logrado esto, entonces estaremos en una mejor posición para amar al prójimo, ser compasivos y practicar la bondad. Ahí comienza el encenderse la luz de la luciérnaga en nosotros, convirtiéndonos en seres espirituales.
En mi novela, El Alquimista del Espíritu el personaje Danielle, a través de su enfermedad y sus lecciones de vida, se da cuenta de su propósito. Que si somos capaces de cambiar cuando aceptamos nuestra naturaleza y abrazamos nuestras lecciones de vida. Es ahí cuando comenzamos a encontrar respuestas a esas preguntas “existenciales” y que siempre han habitado en nosotros y no afuera. Es cuando da comienzo a nuestro crecimiento espiritual y entendemos las bondades de Dios.
No te preocupes para cuando no estés, pues siempre has sido, eres el soplo divino de Dios, eres la esencia de su amor que está en esa búsqueda incesante de crecimiento espiritual. Eres divino.

