Opinión: El huracán en el DTOP

Desde que comenzó la guerra en contra de Miguel Torres, pensé que aquí hay algo más. Y aún lo pienso. Creo que el secretario de Transportación y Obras Públicas…

Por Rafael Lenín López @LeninPR

21 ene 2015, 11:00 pm 3 min de lectura

Desde que comenzó la guerra en contra de Miguel Torres, pensé que aquí hay algo más. Y aún lo pienso. Creo que el secretario de Transportación y Obras Públicas es la ficha más vulnerable que han tomado los legisladores del Partido Popular para decirle a la dirección del Gobierno que el panorama en la calle de cara a las próximas elecciones no se ve bien.

No creo que este torbellino tenga que ver con la preocupación de los legisladores de mayoría con la otorgación de un contrato a un poderoso donante del PPD, pues, a fin de cuentas, ellos también se benefician de la bonanza en las finanzas del aparato político que les abre el camino al poder.  Tampoco creo que la desgracia de Torres ante los legisladores populares tenga que ver con la enajenación del secretario con el impuesto de la crudita o el fracaso del plan piloto de las fotomultas. Tampoco por el lío del AutoExpreso.

Creo que los legisladores del PPD han pretendido, a través de Torres, plantear un problema político mayor al gobernador Alejandro García Padilla.

Ya se ha dicho muchas veces, “all politics is local”. Es decir, las elecciones se deciden en la medida en que los problemas inmediatos de la gente se resuelvan. Por lo tanto, no es de extrañar que los legisladores estén sintiendo una presión mayor de sus constituyentes a medida que se acerca el periodo electoral por los problemas que no se han resuelto en sus comunidades.  Las deterioradas condiciones de las carreteras en el país es uno de los problemas más visibles. No el más serio, pero, ciertamente, el que está a la vista de todos.

Fíjense que son los representantes de distrito, no los de acumulación o senadores (cuya representatividad es más amplia), los que están poniendo el grito en el cielo en contra del secretario.  Muy bien pudieran estar pidiendo, con igual ruido, la cabeza de otros tantos jefes de agencias que son deficientes o silenciosos al momento de hacer coro con La Fortaleza en momentos de crisis. Pero no, porque esos miembros del gabinete no representan un problema político en sus distritos.

A Miguel Torres le ha tocado cargar con un mensaje que están enviándole al gobernador. Probablemente le cueste el cargo sin que se atienda el reclamo de fondo.

Sobre el contrato de arrendamiento para la mudanza del CESCO de Carolina, aun con las preguntas que no ha respondido el DTOP sobre esta transacción, todo tiende a indicar que en el Gobierno, tanto bajo rojos como azules, no se ha logrado el diviorcio de las figuras del donante y el contratista. Por más que se cacarea en las campañas que “nuestra administración no tendrá amigos de la casa”, las cosas cambian de la noche a la mañana. Ya se ha dicho antes también; se hace campaña en poesía y se gobierna en prosa.

Más allá de los contratos a los allegados políticos que están en el ojo del huracán, lo cierto es que ese matrimonio entre contribuyente político y funcionario es promovido por nuestro sistema electoral y avalado por nuestro ordenamiento jurídico.

Las leyes para el financiamiento público de campañas electorales no han podido desalentar esa relación. Al final estamos a la merced de la prudencia del funcionario de turno, y de eso carecemos bastante.

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