Opinión: La crudita tiene problemas
La crudita tiene problemas. Obviamente, cualquier cosa que represente otra carga sobre nuestros bolsillos enfrentará una fuerte oposición. Pero, en este caso…
Por Rafael Lenín López @LeninPR
La crudita tiene problemas. Obviamente, cualquier cosa que represente otra carga sobre nuestros bolsillos enfrentará una fuerte oposición. Pero, en este caso, la variedad de justificaciones que ha dado el Gobierno para tal propuesta han cancelado el mérito que pudiera tener.
De entrada, el país está cansado de que periódicamente los políticos de turno proclamen: “¡Ahora sí, con estas medidas estamos encaminados!”. Durante esta pasada década, lo han hecho TODOS. Cada uno de los ocupantes de La Fortaleza ha planteado que ponen en vigor las medidas dolorosas o “medicinas amargas” que son necesarias para enderezar el entuerto heredado y que ello nos permitirá salir hacia adelante. Pero no. Solo pasan algunos meses antes de escuchar que se esboza una nueva justificación para una nueva medida de recaudo, que regularmente no son acciones visibles de ahorro o recortes de gastos, sino impuestos que terminan golpeando a la clase trabajadora del país.
En el debate sobre la crudita, se añade el elemento de la pobre comunicación pública. Al presentarse la propuesta que pretende salvar la Autoridad de Carreteras (AC), La Fortaleza argumentó que el nuevo impuesto sería un plan B en caso de que la reforma contributiva —aún no presentada— no recaude lo suficiente a marzo de 2015. Luego, eso cambió. De la noche a la mañana no hay dinero para pagar la nómina en la corporación pública para la próxima quincena y el transporte colectivo que sirve a la zona metropolitana tendrá que cerrar el lunes.
La última justificación la dio el martes el director de Carreteras, Javier Ramos, cuando reconoció que la urgencia de darle liquidez a la AC son los pagos pendientes a los bonistas y suplidores. Mientras, no han presentado el plan de reestructuración que represente para esa oficina una cirugía mayor.
En medio de la confusión que ha creado la misma Rama Ejecutiva sobre su propuesta, están los legisladores. En el Capitolio la preocupación es clara: el nuevo impuesto saldrá caro en las próximas elecciones. Aunque parecen estar casi todos alineados, no se observa un esfuerzo mayor del liderato legislativo por empujar la agenda de La Fortaleza. Al contrario, el lunes, primer día de la sesión extraordinaria, los presidentes legislativos abrieron y cerraron los trabajos, recesaron hasta el lunes próximo, en un abierto menosprecio a la emergencia que argumenta Alejandro García Padilla.
Pero eso no queda ahí. Ante el costo político que el propuesto arbitrio tendrá, delante de la gente y sin pudor, muchos legisladores de distrito (y tras bastidores los alcaldes) negocian sus votos por dinero que garantiza su supervivencia electoral individual. Un nuevo barril de tocino está sobre la mesa. A cambio del aumento en el impuesto al petróleo, Juncos tendrían una nueva pista de patinaje; habría parques acuáticos choretos (se olvidan que estamos rodeados de agua y que la mayoría de estos parques han quebrado); complejos turísticos privados recibirían minucias, y se podrán remodelar alcaldías. En fin, los políticos podrán cortar cintas, poner primeras piedras y anunciar el comienzo de obras prometidas. Lo demás quedará en el olvido.
El lunes, si el impasse se mantiene, 70 mil personas no tendrán transporte colectivo y sobre 2,800 empleados tendrán que mantenerse en sus casas.
Independientemente de quien tenga la razón o si el nuevo impuesto es la única alternativa, recuerde no creerle al próximo político que le diga que con esto se resuelve la crisis.
Y si todo esto termina aprobándose, cuando vaya a Juncos y logre patinar sobre hielo, recuerde que fue gracias a un político inescrupuloso y a cuestas del litro de gasolina más caro que tuvo que pagar para llegar.
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