Opinión: Perdida en el museo
Mi primer encuentro con el museo de Puerto Rico fue una sorpresa. Viví por muchos años en la calle Loíza y cada vez que venía por el túnel Minillas tenía que…
Por Natasha Sagardía @NatashaSagardia
Mi primer encuentro con el museo de Puerto Rico fue una sorpresa. Viví por muchos años en la calle Loíza y cada vez que venía por el túnel Minillas tenía que doblar a la izquierda, justo en la esquina donde se veía el museo.
He visitado museos en diferentes partes del mundo, pero nunca había entrado al que estaba al frente de mi casa. Creo que, en este caso, el refrán “en casa de herrero, cuchillo de palo” es el mejor ejemplo para describir cómo me sentí. Asistí junto con dos de mis clases de la maestría que estoy cursando en la UPR de Río Piedras en Gestión y Administración Cultural.
Al entrar me noté ansiosa, expectante y emocionada. A través de los cristales de las puertas imponentes del frente lograba ver con claridad el interior, un recibidor amplio y fresco. Tenía mucha sed y pensé en sacar mi botella de agua comprada en la misma luz desde donde siempre miraba el museo. Opté por no hacerlo, pues agua y arte cerca no mezclan bien.
Subí las escaleras hasta el cuarto piso y me encontré con El velorio, de Francisco Oller. Miré hacia la esquina superior izquierda de la pintura y encontré un paisaje parecido al de mi hogar, el campo de Arecibo. La emoción de descubrirme en ese espacio, un espacio que también es parte de mí, mi museo, hizo que deseara perderme por sus pisos.
Siguiendo mi recorrrido sin guía, encontré a mi profesor de Ecoculturas, Antonio Walker, y a Arnaldo, compañero de la maestría, antropólogo y performer. Ahí finalizó mi experiencia privada e inicié la compartida con otras decenas de personas. Juntos presenciamos un performance en vivo sobre las instalaciones del artista puertorriqueño José Morales, Abecedario afectivo.
Mi primer encuentro con el museo fue una experiencia tan grata que me sentí motivada a compartirla. Creo que tal vez a otros les pueda suceder lo mismo. Cuando algo está tan cerca, a veces no lo vemos.
En Puerto Rico la posibilidad de pasarla bien y disfrutar de la riqueza cultural, artística y ecológica está abierta a ser descubierta. Tomar el tiempo para hacer algo diferente en el mismo espacio por el que uno transita es un acto generoso con el país y, en especial, con uno mismo.
Mirar desde lejos es bueno, pero estar dentro del espacio deseado es superior.

