Opinión: Saliendo del clóset…

La capacidad de autorregularnos fue llevada a la práctica por un alcalde en Colombia, capacidad que me vuela los sesos. Los sesos como esa masa cerebral que…

Por Natasha Sagardía @NatashaSagardia

11 sept 2014, 11:00 pm 3 min de lectura

La capacidad de autorregularnos fue llevada a la práctica por un alcalde en Colombia, capacidad que me vuela los sesos. Los sesos como esa masa cerebral que contiene el potencial medido y no medido de hacer y componer mientras pensamos. Pensar es mi mayor adicción. Ha sido el espacio al que he dedicado más tiempo en la vida, al pensar y el deporte. El deporte parecería estar desconectado del proceso de pensar y asociado más bien con el de fluir. Fluir con el cuerpo en el ejercicio de sentir lo que tu cerebro codifica al estar dirigido por un grupo de reglas, sistemas o circunstancias espontáneas.
El deporte del bodyboarding, como el surfing y muchos deportes adjetivados hoy como extremos, comparten un espacio de espontaneidad en común: la naturaleza. En esta generación, llamada por algunos teóricos milénica, la espontaneidad de las circunstancias que no se pueden controlar con reglas representa una invitación a pensar mientras se fluye. Creo que es por eso que surfear, tirarse de paracaídas, danzar solo bajo la directriz del cuerpo, bajar una montaña sobre ruedas, entre otras opciones, ocupa un lugar de preferencia en las prácticas de pensar, fluir, trabajar y hasta autorregularse hoy.

En Colombia, en 1994, el rector de la universidad nacional se bajó los pantalones en una conferencia universitaria. Los estudiantes estaban abucheando a los funcionarios presentes, reclamando su descontento general con las instituciones del país. La medida extrema por la que optó el rector, ante la imposibilidad del diálogo, fue asumida de diversas maneras. Por un lado, como agresiva a la regulación de valores, procedimientos, diplomacia, estructuras burocráticas, etcétera, y, por otro lado, como heroica. Dentro del espacio de la academia fue absolutamente condenada, forzando al rector a abandonar su posición laboral.

Algún tiempo después, con el éxito de su campaña política, ganó como alcalde de Bogotá. Su campaña fue una autorregulada, personificada en sus gustos, teorías y llevada a la práctica en su experiencia personal. Ganó como candidato independiente y con un monto de votaciones masivo, como los sesos que contenían su capacidad de pensar. Mockus es para mí una especie de portavoz de los inicios de la generación milénica. Una generación que prefiere la honestidad de la experiencia propia como mayor fuente de teoría y la práctica como elección de pasión llevada al trabajo.

El autorregularse o “reinventarse”, como mencionó mi profesor Pedro Reina en la clase sobre asociaciones culturales, resulta ser una especie de deporte extremo. El deporte de atreverse a conectar lo que uno piensa, cree y hace en un espacio de completa espontaneidad, en la espontaneidad de la naturaleza humana.

Las instituciones a las que los estudiantes abucheaban son instituciones que todos en algún punto abucheábamos, bajo la general consigna de que no representan nuestros gustos, pasiones ni formas de llevar a cabo las prácticas. Si ya no creemos en las instituciones, en los procesos de enseñanza, en los espacios de comunidad, tal vez podamos repensar nuestra relación con ellas y autorregular un cambio. Si la generación del momento es la llamada milénica, y me incluyo, propongo salir del clóset de nuestras propias conexiones de pensamiento y busquemos desde la espontaneidad un proyecto independiente pero conectado a la masa en común, la sociedad natural espontánea.