Opinión: Responsabilidad de todos

La discusión esta semana de los subsidios que la Autoridad de Energía Eléctrica concede a ciertas categorías de clientes demuestra la falta de seriedad con la…

Por Armando Valdés @armandovaldes

15 ago 2014, 12:00 am 2 min de lectura

La discusión esta semana de los subsidios que la Autoridad de Energía Eléctrica concede a ciertas categorías de clientes demuestra la falta de seriedad con la que a menudo se tratan temas de política pública en Puerto Rico.

Empezando por la propia Autoridad que, luego de estar años planteando que los subsidios son la razón para su crisis fiscal y para los altos costos en la factura, envió a dos funcionarios que no tenían los datos siquiera para contestar las preguntas más básicas del Senado. Más aún, entre la información que sí presentaron, incluyeron elementos que no son propiamente subsidios para así inflar el costo total que presuntamente suponen para la corporación pública.

Este es el caso, por ejemplo, de la aplicación de la tarifa residencial al consumo de energía eléctrica en las áreas comunes de los condominios. La Autoridad cataloga esto como un subsidio. La verdad es que este renglón surge de una ley, aprobada el cuatrienio pasado, que corrigió la acción impropia de la Autoridad de aplicar la tarifa comercial a los pasillos, estacionamientos y otras áreas comunes de los condominios de vivienda. Algo así como si en una casa unifamiliar le cobraran la tarifa comercial por lo que gaste en la marquesina donde guarda su carro.

La Legislatura, históricamente, tampoco se ha quedado atrás. Los dos funcionarios de la AEE trajeron un punto sólido: han sido los propios representantes y senadores quienes han promovido y aprobado gran parte del andamiaje de subsidios que hoy le aplica de una forma u otra a uno de cada tres clientes del servicio eléctrico.

Algunas de las causas que han asumido los legisladores han sido justas, como es el caso del subsidio para personas de escasos recursos que dependen de equipos eléctricos para sobrevivir. Otras, como las tarifas fijas en los residenciales y los subsidios para beneficiarios del PAN, cargan aún más a un Estado de beneficencia ya abultado, sobre el cual hay un amplio consenso acerca del efecto que tiene en los incentivos y desincentivos para trabajar.

Por último, nosotros, el pueblo, y también nosotros los que trabajamos en los medios, tenemos que asumir una actitud más responsable en el debate. Cuando hablamos de eliminar subsidios, no puede ser únicamente para los demás; y recordemos, son medio millón de clientes con algún tipo de subsidio, por lo cual habría que tocar a mucha gente. Tampoco podemos simpatizar con las causas legislativas un día y al próximo abogar por lo contrario.

En fin, que esto de los subsidios como está hoy y como estará de aquí a unos meses es responsabilidad de todos.

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