Opinión: Aleluya

Me duele todo… pero estoy feliz.

Por Padre Orlando Lugo Pérez @PadreOLugo

20 abr 2014, 11:00 pm 2 min de lectura

Me duele todo… pero estoy feliz.

Es verdad lo que un viejo sacerdote una vez me dijo: “la alegría del cura está en el contacto con su pueblo”. Al término de la Semana Santa, siento una enorme necesidad espiritual de dar gracias a Dios por el pueblo en donde sirvo como sacerdote, Coamo. Ellos son mi descanso, mi alegría y mi felicidad como sacerdote. Claro, son vivo reflejo del pastor que los ha llevado por el camino de la fe por más de diez años, el Padre José Diego Rodríguez, quien junto a otros muchos sacerdotes que le precedieron en el cargo de párroco, supieron llevar con envidiable celo apostólico a esta porción de iglesia al encuentro con Cristo resucitado. Los coameños son grandes. Y no me importa el dolor que tengo en el cuerpo por tantas procesiones y celebraciones litúrgicas, volvería a entregarme a ellos una y mil veces más, pues me ayudan a olvidarme de mis problemas y hacen que viva mi vocación intensamente. ¡Aleluya!
Les explicaba este fin de semana a mis fieles que un cristianismo que no trasforme la vida cotidiana es vacío y estéril. Y precisamente Cristo resucitó para llenar los distintos vacíos existenciales que padecen los seres humanos y les condenan a la tristeza más desesperante. Ya lo advertía san Pablo: “si Cristo no ha resucitado, vana es entonces nuestra predicación, y vana también vuestra fe”, (1 Cor. 14). Los vacíos del alma son llamada natural del corazón a buscar consuelo en una persona viva que es más que natural, sobrenatural. ¡Aleluya!

Algunas veces ese vacío se manifiesta en la necesidad de que respeten, valoren y entiendan a uno. ¡Cuánta falta de respeto en Puerto Rico! Pero sólo el Resucitado nos respeta, valora y entiende tal cual somos y, con cariño, nos va conduciendo por el camino de la dignidad que llena cualquier hueco en el alma. No obstante, el vacío más horrible es la necesidad de amar y de sentirnos amados. Normalmente esta es la raíz de las grandes crisis humanas que afligen al mundo. Vivimos en un mundo triste porque no se ha dado cuenta que Cristo, el amor que nunca falla, ha resucitado. ¡Aleluya!

Ánimo, Puerto Rico… vuelca tus ojos al cielo. ¡No tengas miedo de vivir una experiencia única de amor! Jesús está vivo y puede llenar tu vacío. Quien vive lleno, vive feliz. Feliz pascua de resurrección. ¡Aleluya!

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