La toxina mágica: la toxina botulínica
Con el mundo tan superficial en el que vivimos, la presencia de la primera arruga es causa de sufrimiento, como tener una enfermedad terminal. Y como si fuera una enfermedad, hemos gastado cifras monumentales en productos, procedimientos médicos y hasta invasivos para “curar” este mal. Uno de los productos más populares en los últimos años ha sido la toxina botulínica (Botox por su nombre comercial). Se ha vuelto muy de moda hasta hacer fiestas donde una persona les inyecta la toxina a los invitados que así lo deseen (me imagino que en este tipo de fiesta no tienen entremeses de pasta guayaba y quesito blanco).
Esta toxina la produce Clostridium botulinum, una bacteria que habita en el suelo. Unas de las peculiaridades de esta bacteria es su capacidad de resistir ambientes hostiles en la forma de espora, tal como la bacteria que causa ántrax. Estas esporas pueden estar presentes en alimentos enlatados, embutidos preparados en ambientes dudosos y poco sanitarios, hasta en la miel. Cuando las condiciones son favorables, las esporas dan paso a la bacteria que produce la toxina, causando una enfermedad que se conoce como botulismo. Al ingerir alimentos contaminados con la toxina botulínica, algunos de los síntomas según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) son: visión doble o borrosa, párpados caídos, dificultad tragando, debilidad muscular y boca seca. Como consejo general, no se debe consumir alimentos de latas infladas ni carnes crudas y no se le debe darle miel a bebés menores de 1 año.
La experimentación con la toxina botulínica comenzó para tratar enfermedades como estrabismo, blefaroespasmo (guiñar descontroladamente), migraña y espasmos musculares. Luego, se encontró usos cosméticos como la reducción de la apariencia de arrugas y detener la sudoración (quisiera que encontraran una manera de incluirlo como ingrediente del desodorante para regalarle uno al señor que se sentó a mi lado una vez en un carro público en Aguada). Al pasar de los años, se convirtió en unos de los métodos más utilizados por ser más económico y menos invasivo que las cirugías cosméticas.
Tristemente, muchos chanchulleros se han dedicado a poner inyecciones de la toxina botulínica sin tener los conocimientos anatómicos y/o certificaciones debidas. Hay personas que queriendo mejorar su aspecto físico, pero buscando estirar el peso (como todos en esta economía), recurren a estos chanchulleros. Ni pensar en aquellas personas que compran el medicamento por Internet y se las inyectan ellos mismos. Los resultados muchas veces pueden ser desastrosos, desde desfiguración hasta infecciones mortales. Mami siempre me decía cuando nena “lo barato sale caro”. Así que si está considerando someterse a este tipo de procedimiento, visite a un profesional certificado.
Para mí, las arrugas son señal de que has vivido lo suficiente para obtener sabiduría. Mis abuelas tenían arrugas y eran mujeres muy sabias y valientes. No me las imagino sin esas líneas de expresión que eso mismo hacían, expresar amor y ternura.