De estrellas fugaces y meteoritos
En unas Navidades, mi sobrino Brenden pidió en su lista de regalos un telescopio porque estaba enfiebrao con la Astronomía. Él quería observar los planetas y las estrellas fugaces, porque era lo que le estaban enseñando en la escuelita. Un día se le ocurrió preguntarme cuál era la diferencia entre una estrella y una estrella fugaz, y por qué se fugan. Me quedé sorprendida. No podía creer que una pregunta tan sofisticada viniera de un niño.
Rápido comencé a explicarle las diferencias. Las estrellas son bolas de gases calientes (hidrógeno y helio). En el sol, ocurre una reacción de fisión nuclear, donde el hidrógeno se convierte en helio, y a su vez libera un montón de energía. Hay muchas estrellas en el universo; algunas se parecen a nuestro sol. Hay otras, como las gigantes rojas que son estrellas más viejas que el sol. Estas estrellas transforman el hidrógeno del núcleo de la estrella, lo cual calienta la estrella y hace que expanda. Ya cuando una estrella está viejita, se convierte en una estrella enana blanca.
Mientras tanto, lo que se conoce como una estrella fugaz en realidad no es una estrella, sino un meteoroide. La colita de luz que se observa en el Cielo se llama meteoro. Cuando penetran nuestra atmósfera y caen al suelo, se conoce como meteorito.
Esto me pone a pensar en las películas de Superman, cuando el bebé Clark Kent llegó a la Tierra. Ahora que lo pienso, ¡qué clase de paquete fue eso! Los meteoroides se queman cuando llegan a la atmósfera de la Tierra, así que el bebé Clark Kent no pudo haber sobrevivido esa travesía.
Toda esta información motivó aún más a Brenden para pedir el telescopio. Quería observar todas las estrellas y meteoroides. Su abuelita escogió regalárselo. Sin embargo, no se percató que el telescopio que compró era de juguete, por lo que las únicas luces del Cielo que vio el niño fueron la de los postes eléctricos. ¡Bendito!