Batalla perdida contra las bacterias
Alexander Fleming era una científico muy brillante, pero desorganizado y vago para la limpieza, especialmente en su laboratorio. Un día se fue de vacaciones y al regresar encontró que se le había contaminado un cultivo de bacteria con un hongo. Ya estaba presto para botar los cultivos, cuando se percató de algo muy interesante: las bacterias no crecían en la cercanía del hongo. Gracias a su descuido descubrió la penicilina, un agente antibiótico secretado por el hongo Penicillium notatum. Eso fue en 1928. En los últimos 85 años, la penicilina y otros antibióticos han logrado salvar millones de vidas que, de otra manera, se hubieran perdido a causa de infecciones de origen bacterial como tuberculosis, gonorrea y gangrena. Por primera vez, en los miles de años de la existencia del humano moderno, teníamos un arma potente y estábamos ganando la batalla contra las bacterias. Sin embargo, la gente le perdió el respeto a los antibióticos. Se creen que son pastillas mágicas que curan todo, desde catarro hasta dolor de uña. No se percatan cuán perjudicial es ingerir antibióticos que no fueron recetados por un médico o peor aún, no terminar un tratamiento de antibióticos porque ya se sienten mejor. No quiero sonar como una mamá regañona o que piensen que esto es otro cuento apocalíptico, pero esto tiene consecuencias muy serias. Les voy a dar un ejemplo. Cuando una persona tiene una infección de origen bacterial, el médico le receta un antibiótico A por siete días. La persona lo ingiere y en tres días se siente mejor; por lo que decide dejar a un lado el resto del tratamiento Adentro de su cuerpo, el antibiótico estuvo batallando y matando bacterias por tres días. Sin embargo, sobreviven varias de las bacterias dentro del cuerpo y ya aprendieron a pelear contra este antibiótico. Si vuelve a darle la misma infección, el antibiótico A no va tener el mismo efecto en atacar las bacterias, por lo que si vas al médico, te recetan antibiótico B. Imagínense esto ocurriendo en millones de personas alrededor del mundo con diferentes bacterias y antibióticos. Para empeorar la cosa, las bacterias pueden pasarse entre sí los genes que les otorga la resistencia a antibióticos. ¡Sí mi gente, ellas saben compartir! Peor aún, hay personas que toman antibióticos no recetados para síntomas que podrían no ser de origen bacterial. Este tipo de medicamento no es efectivo contra enfermedades de origen viral como el catarro y la influenza. Como los antibióticos no discriminan y matan a todo tipo de bacteria, son perjudiciales para las bacterias buenas que viven en tu cuerpo, como las que habitan en el intestino. Actualmente, se han desarrollado muchas cepas de bacterias resistentes a múltiples antibióticos (MRS o multi-resistant strain en inglés). Para dar un ejemplo, antes había una gama amplia de antibióticos para tratar la gonorrea. Ahora, existe una cepa que es susceptible a un solo medicamento. No es de locos pensar que pudieran ocurrir epidemias de enfermedades que antes tenían cura porque cada vez tenemos menos armas para vencer infecciones bacteriales. Mi papá adquirió una cepa de Klebsiella multi-resistente mientras estuvo hospitalizado en Nueva York. Cada vez que iba a visitarlo, tenía que usar vestimenta especial, guantes y mascarilla. Aunque su condición nunca mejoró, al final sucumbió a una infección. Les puede parecer un cuento de ciencia ficción, pero no lo es. Todos podemos poner de nuestra parte para alargar la vida útil de los antibióticos. Termine todo antibiótico que le receten (a menos que su doctor le indique lo contrario). No tome antibióticos recetados para otra persona y no descarte antibióticos por el inodoro.