Molestia Aparte: Biciparrandeo
Llegaste a pensar que las cosas estaban tan malas en Santurce que este diciembre no se podría salir a dar parrandas navideñas.
Esa sensación pesimista de que el antiguo barrio de Cangrejos “se había emputecido demasiado” te la había transmitido el escritor Luis Rafael “Wico” Sánchez, hace varios años, en una tertulia improvisada en la extinta cafetería La Borincana.
No obstante, por desafío y ansias de vivencias nítidas, ignoraste su advertencia y continuaste tus excursiones nocturnas por la “urbe maldita”. En negación, insististe en transitarla a pie por la madrugada, “entregado a la maldad” y creyéndote invisible ante el malianteo rampante. Para ti, “Wico” estaba equivocado. Santurce era el último bastión de la libertad urbana.
No fue hasta que te escocotaste, bien duro, –entre la Ponce de León y la Fernández Juncos– que dejaste la bobería utópica. Tu vecindario eran los tufos de los borrachos y tecatos enterrados en las cunetas, la gritería de las parejas que salía por los balcones; los puñetazos y las palizas y los tiroteos que habías esquivado en par de asaltos y trifulcas.
Pero, molestia aparte, te fuiste hasta lo más bajo con el fotógrafo, Herminio Rodríguez, a observar desde las orillas a los distintos grupetes de chamacos montados en bicicletas que se habían apropiado de aquello.
Las manadas de ciclistas salían a las millas como salvajes de las oscuridades más recónditas, reclamando como suyo el territorio del desastre, aterrorizando a los automovilistas y pasándoles por encima a los joyancos y a las grietas con un estilo “hipster”.
La idea generalizada era salir de cacería, en busca de un bicijangueo perfecto con paradas en plazas y chinchorros, exhibiendo las “fixie bikes” de colores fosforescentes que valen miles de pesos y los bellos cuerpos flacos ataviados con camisillas, “skinny jeans” a la rodilla y alpargatas.
Pronto descubriste que las redes “libertarias” de esa “contracultura” a veces las controlaba Coors Light al postear rutas por Facebook y otras se improvisaban entre deportistas solidarios que usaban cascos protectores y obedecían las leyes de tránsito.
Aún así, fue la convocatoria cibernética a un biciparrandeo desde el Parque del Indio la que te dio la clave. En este año horrible para la convivencia santurcina, quizás la única manera en que puedas parrandear en paz sea montándote en una “fixie” con un güiro en la espalda: poniendo en pausa las peligrosas caminatas y atreviéndote a salir a rodar con ellos.