Terremotos expusieron las grietas del país, según exdirector nacional de Protección Civil de Venezuela

El doble sismo que sacudió Venezuela habría puesto a prueba a cualquier nación. Pero para el experto en gestión de riesgos Ángel Rangel, la magnitud de la tragedia solo puede entenderse al mirar las vulnerabilidades acumuladas por años.

Por Aiola Virella

16 jul, 3:00 am 3 min de lectura
Terremotos expusieron las grietas del país, según exdirector nacional de Protección Civil de Venezuela
Zona costera. Los daños mayores fueron en la franja frente al Mar Caribe en La Guaira. / Alec Rivera Cardec

Los terremotos que sacudieron a Venezuela el pasado 24 de junio no solo derrumbaron edificios. También dejaron al descubierto las debilidades acumuladas durante años en un país que, según el experto en gestión de riesgos Ángel Rangel, ya enfrentaba una profunda vulnerabilidad antes de que la tierra comenzara a temblar.

“Los desastres desnudan las realidades de un país. Sale a flote qué se estaba haciendo antes, cómo se respondió durante y qué pasó después”, afirmó el exdirector nacional de Protección Civil de Venezuela durante una entrevista con Metro Puerto Rico.

Para Rangel, el doble sismo de magnitudes 7.2 y 7.5 habría representado un enorme reto para cualquier país. Sin embargo, sostiene que, en Venezuela, encontró un escenario particularmente frágil.

“Un segundo antes del terremoto, la sociedad venezolana se encontraba en sus peores condiciones de vulnerabilidad social, política, financiera, económica y ambiental para enfrentar un evento de esta magnitud”.

El especialista describió un país que ya enfrentaba una prolongada crisis humanitaria, con hospitales limitados para responder incluso a emergencias cotidianas, organismos de rescate debilitados y una capacidad institucional disminuida.

“Los desastres no son naturales. Los sismos son naturales, pero las afectaciones que se producen tienen que ver con cómo construimos nuestras ciudades y cómo abordamos el riesgo”, explicó.

Recordó que Venezuela se encuentra atravesada por importantes fallas geológicas y que alrededor del 82 % de la población vive precisamente en esa franja de mayor exposición sísmica.

En La Guaira, colapsaron numerosos edificios.

Rangel recordó que, tras el deslave de Vargas de 1999, universidades venezolanas y expertos internacionales realizaron estudios que identificaban zonas vulnerables y establecían recomendaciones para el desarrollo urbano. “Lamentablemente, esos estudios fueron tomados en cuenta muy poco o casi nada”, afirmó.

El especialista también apuntó a que “el código no solo se cumple con un buen diseño de ingeniería sismorresistente. También depende de la calidad de la construcción, de evitar la corrupción en la selección de materiales, de la supervisión y de la inspección”.

Citó como ejemplos a países como México, Chile y Japón, donde grandes terremotos impulsaron revisiones constantes de sus normas de construcción y fortalecieron la educación ciudadana sobre cómo actuar antes, durante y después de un evento sísmico.

Mientras continúa la recuperación en las zonas devastadas, Rangel considera que el reto ya no se limita al rescate de sobrevivientes. “Ahora la necesidad es identificar y extraer la mayor cantidad de cuerpos porque las familias necesitan encontrarlos y darles cristiana sepultura”.

Explicó que esa etapa requiere maquinaria pesada, grúas y personal altamente especializado para remover los enormes bloques de concreto sin destruir evidencia ni comprometer la recuperación de víctimas. “La remoción de un edificio no puede hacerse sin dirección técnica. Un movimiento incorrecto puede complicar lo que permanece debajo de los escombros”, advirtió.

A ese desafío, agregó, se suman las limitaciones del sistema forense, la disposición adecuada de los escombros y la presión que enfrenta un sistema de salud que ya operaba con recursos insuficientes antes del terremoto.

De cara al futuro, Rangel sostuvo que “el mejor homenaje que podemos hacerles a las víctimas es aprender de esta tragedia”.

“Construir para mejor no significa restablecer lo que ya estaba. Significa planificar el desarrollo teniendo en cuenta que habrá terremotos, inundaciones y deslizamientos. Si aprendemos esa lección, estaremos en mejores condiciones para prevenir, mitigar y responder”, concluyó, al confiar en que esta coyuntura pueda unir a los venezolanos por encima de diferencias políticas y que la diáspora pueda tener acceso al país para apoyar en su reconstrucción.


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