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Más que una leyenda: así era Piculín Ortiz fuera de la cancha

Más allá de la cancha, del uniforme y de los récords, José “Piculín” Ortiz dejó una huella que no se mide en estadísticas, sino en las vidas que tocó.

Por Santiago Omar Escobar Colón

5 de mayo de 2026 10:36 p. m. hrs 4 min de lectura
Más que una leyenda: así era Piculín Ortiz fuera de la cancha
José Rafael “Piculín” Ortiz Rijos

Durante décadas, Puerto Rico conoció a José “Piculín” Ortiz como el gigante dominante de la pintura, el líder de la selección nacional y una de las figuras más importantes en la historia del baloncesto puertorriqueño. Pero tras su fallecimiento, quienes realmente compartieron con él aseguran que la grandeza del excentro no terminaba cuando se apagaban las luces de la cancha.

Detrás de los tapones, los rebotes, las victorias históricas y la presencia intimidante que imponía en cualquier coliseo, existía un hombre profundamente humano, generoso con los demás y comprometido con su país, con su gente y con quienes lo rodeaban.

Una de las personas que más de cerca conoció a Ortiz fuera del ambiente competitivo fue el periodista Hermes Ayala, quien desarrolló una amistad con el exjugador mientras cubría la selección nacional.

Para Ayala, hablar de Ortiz no es solo recordar al centro dominante de la selección nacional, sino al hombre que estuvo presente en los momentos buenos y también en los difíciles. “Tanto en los momentos buenos como en los retos, estuvimos ahí uno para el otro”, recordó Ayala.

El periodista contó que esa relación trascendió la cobertura deportiva y se convirtió en una amistad marcada por la confianza, las conversaciones personales y el acompañamiento mutuo. “Cuando yo tuve los problemas que se le afloran a uno en la vida, él estaba ahí y me aconsejaba. Cuando él tuvo los suyos, pues yo estuve ahí también”, expresó.

Ayala recordó que Piculín era una figura que le daba carácter a la selección nacional, pero también describió el ambiente de aquel grupo como una familia.

“Más que compañeros de equipo, eran panas. Eran amigos. Era como una familia”, sostuvo.

Más allá del jugador imponente, Ayala destacó el compromiso de Ortiz con Puerto Rico.

“Ante mí se caracterizó, dentro y fuera de la cancha, como un tipo con un compromiso bien serio con su país”, afirmó. Ese compromiso, según el periodista, se reflejaba en la manera en que Piculín siempre estaba dispuesto a vestir la camiseta nacional.

“Era automático decirle que sí a su país”, expresó.Ayala también resaltó que el legado de Ortiz fuera de la cancha incluyó ayudas, consejos y aportaciones a jóvenes atletas. “Fuera de la cancha hizo muchas ayudas y aportaciones con chamaquitos”, indicó.

Para el periodista, la figura de Piculín también debe recordarse por su sensibilidad hacia los asuntos del país, su disponibilidad y la forma en que construía relaciones de respeto con quienes lo rodeaban. “Su forma de ser, su compromiso, su disciplina y su sensibilidad con las cosas que afectan al país”, enumeró Ayala al hablar de lo que nuevas generaciones pueden aprender de él.

Del mismo modo, lo describió como un ejemplo de tenacidad, especialmente después del retiro, cuando tuvo que enfrentar momentos difíciles lejos de la gloria deportiva.“Para mí, Pico fue especialmente luego de su retiro un ejemplo de tenacidad”, sostuvo.

Las expresiones de Ayala coinciden con lo que también destacó Yum Ramos, presidente de la Federación de Baloncesto de Puerto Rico, quien habló del lado más noble de Ortiz y de la entrega con la que enfrentó su enfermedad.

“José era una persona bien noble. La gente conocía a Piculín el baloncelista, pero tenía un corazón enorme. Era una persona que no tenía nada para él; todo lo compartía con los demás”, expresó Ramos.

Ramos también fue quien destacó la disciplina física extrema de Ortiz, incluso en los entrenamientos.

“Yo nunca he visto a nadie trabajar como trabajaba Piculín Ortiz en el gimnasio”, sostuvo.

Según Ramos, esa ética de trabajo era parte esencial de su grandeza.“Piculín iba al gimnasio y se comía las pesas. Después hacía pista y practicaba. Antes de los juegos se trepaba en el stepper. Era una rutina constante”, relató.

El presidente federativo sostuvo además que Ortiz mantuvo esa misma mentalidad de lucha durante su batalla contra el cáncer. “Fue un guerrero, igual que lo fue en la cancha, lo fue con su salud y con su vida. Dio la batalla hasta el final”, dijo.

Ricardo Dalmau, presidente del BSN, también recordó a Piculín como una figura que marcó generaciones más allá de lo deportivo.

“Hay figuras que te marcan desde niño y esa huella la mantienes toda la vida”, expresó.

Desde el baloncesto femenino, Pamela Rosado contó que Ortiz acompañó de cerca a la selección nacional femenina y que siempre estuvo presente para apoyar.

“No falló ningún juego de nosotras. Siempre estuvo ahí, teniendo las palabras correctas”, recordó.

Raymond Dalmau también resaltó esa dimensión humana al afirmar que Ortiz aportó a Puerto Rico “no solamente como jugador, sino como ser humano”, mientras Edmundo “Mundi” Báez sostuvo que le guarda “un respeto y un cariño inmenso”.

Entre los recuerdos de Hermes Ayala y las expresiones de quienes compartieron con él, aparece un retrato distinto al de la leyenda que dominaba la pintura. Aparece el amigo, el consejero, el hombre disciplinado, el mentor y el puertorriqueño que nunca dejó de decirle que sí a su país. Porque más allá de la cancha, del uniforme y de los récords, José “Piculín” Ortiz dejó una huella que no se mide en estadísticas, sino en las vidas que tocó.