La administración del presidente Donald Trump dio un paso significativo en la política federal sobre el cannabis al ordenar la reclasificación de la marihuana medicinal con licencia estatal a una categoría menos restrictiva.
La medida, firmada por el fiscal general en funciones, Todd Blanche, traslada esta sustancia del Anexo I —donde se ubican drogas consideradas sin uso médico aceptado y con alto potencial de abuso— al Anexo III, lo que implica un cambio sustancial en su regulación a nivel federal.
Aunque la decisión no legaliza la marihuana ni para uso medicinal ni recreativo bajo la ley federal, sí modifica el marco regulatorio existente.
Entre los efectos más inmediatos, la reclasificación reduce cargas contributivas para operadores con licencia y elimina barreras que históricamente han limitado la investigación científica sobre el cannabis, abriendo la puerta a estudios más amplios sobre su seguridad y eficacia.
El movimiento responde a una instrucción previa de Trump, quien en diciembre ordenó acelerar el proceso de revisión. Incluso días antes de la firma, el mandatario había expresado frustración por la lentitud en la implementación.
Desde el Departamento de Justicia, Blanche defendió la decisión al asegurar que se trata de un cumplimiento directo de la promesa presidencial de ampliar el acceso a tratamientos médicos y mejorar la base científica disponible para los profesionales de la salud.
La reclasificación ha sido una demanda persistente de sectores médicos y defensores del cannabis, quienes argumentaban que la clasificación anterior equiparaba incorrectamente la marihuana con sustancias como la heroína.
Con este cambio, el gobierno federal ajusta su postura, aunque mantiene restricciones importantes que siguen diferenciando el estatus del cannabis frente a otras sustancias reguladas.





