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Trabajar, criar y cuidar padres marca la realidad de miles de mujeres en Puerto Rico

Ocho de cada diez cuidadores de adultos mayores en Puerto Rico son mujeres que combinan empleo, crianza de hijos y responsabilidades de cuidado familiar; enfrentan presiones laborales, económicas y emocionales que afectan su salud y calidad de vida

Madre, hija y abuela
Familia. Mujeres. Hogar. Madre, hija y abuela (Wavebreakmedia/Getty Images/iStockphoto)

El cuidado informal de adultos mayores en Puerto Rico recae mayormente en mujeres, quienes enfrentan presiones laborales, económicas y emocionales, según un estudio de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico y una investigación más reciente publicada en Frontiers in Public Health en 2025, que incluyó datos sobre personas cuidadoras de comunidades hispanas con presencia de puertorriqueños.

En la investigación comparativa de la PUCPR, titulada Perfil del cuidador informal del adulto mayor: un estudio comparativo entre Puerto Rico, México y Colombia, se encontró que la mayoría de cuidadores informales son mujeres que combinan sus labores con responsabilidades laborales.

El doctor Ángel Muñoz Alicea, experto en salud del adulto mayor y autor del estudio, explicó que “ocho de cada diez cuidadores son mujeres que antes no trabajaban, pero están cuidando a un niño y apoyando a un adulto mayor que tiene algún nivel de dependencia”. La proporción de cuidadoras femeninas en el último estudio fue de 82 %, señaló el especialista.

El artículo de Frontiers in Public Health siguió un enfoque cuantitativo con cientos de cuidadores de adultos mayores en México, Puerto Rico y Colombia, y corroboró que la mayoría de participantes eran mujeres y que muchos cuidadores en Puerto Rico eran responsables de personas mayores de 75 años.

Muñoz Alicea explicó sobre la edad promedio de quienes asumen la labor. “Comparando con estudios de antes de la pandemia, la edad promedio era 51 años, después bajó a 47 años”. Destacó que muchas de estas cuidadoras también son madres y sostienen un empleo a tiempo completo.

Además de cuidar, estas personas destinan una parte considerable de su tiempo semanal a las actividades de cuidado.

Barreras para la participación laboral

De otra parte, un estudio reciente de la Encuesta Socioeconómica de las Familias con Menores en Puerto Rico (ESeFaM‑PR 2024), elaborado por el Instituto del Desarrollo de la Juventud (IDJ), reveló que los horarios laborales variables y no tradicionales, como turnos rotativos, nocturnos o asignados con poca anticipación, afectan significativamente la capacidad de madres y cuidadores para coordinar el cuido de familiares dependientes.

La investigación identificó que alrededor del 40 % de los jefes o jefas de familia trabajan fuera del horario tradicional de 7:00 a.m. a 6:00 p.m., lo que complica la planificación de las responsabilidades en el hogar. Además, una proporción considerable de trabajadores recibe su horario con solo uno o dos días de anticipación, dificultando aún más la organización de las tareas de cuidado. Estas condiciones refuerzan los desafíos que enfrentan quienes asumen el cuidado informal.

Por su parte, Muñoz Alicea también destacó el impacto laboral que enfrentan muchos cuidadores. “El ingreso, su salario, es su ingreso principal, el 96 % no recibe ayuda económica. Y muchos cuidadores no reciben aumento porque faltan mucho para ir a citas y se tienen que ir temprano para cuidar de los adultos mayores”, explicó, añadiendo que hay familias que terminan destinando parte importante de sus ingresos para suplir necesidades profundas que no cubren los beneficios con los que cuenta el adulto mayor.

Señales de impacto emocional

Mientras, la investigación publicada en la revista científica exploró específicamente los síntomas de estrés y depresión en cuidadores informales. El análisis reveló que hay cuidadoras que reportaron sentir tristeza persistente o preocupación constante, más allá de lo que cabría esperar en una situación normal, aunque la mayoría negó pensamientos autodestructivos frecuentes.

Muñoz Alicea subrayó que estos resultados son consistentes con lo que este y colegas han observado en estudios desde 2018, señalando que “los síntomas asociados con depresión suelen mantenerse”, y que es común que quienes cuidan prioricen la salud del adulto mayor sobre la propia, transformándolos en lo que algunos investigadores denominan paciente oculto.

Relaciones familiares y tareas de cuidado

La mayoría de cuidadores son hijas o cónyuges del adulto mayor, aunque entre un 7 % y 9 % corresponden a personas no consanguíneas, como amigos o vecinos.

“Esto refleja que, en algunos casos donde los adultos mayores no tienen hijos o estos no pueden cuidar, aparecen otras figuras de apoyo”, dijo el experto.

Las labores más comunes incluyen higiene personal y, en el hogar, ayuda con la movilidad, administración de medicamentos, acompañamiento a citas médicas y apoyo emocional.

Política pública

Con el envejecimiento poblacional en aumento, legisladores y organizaciones han comenzado a reforzar protecciones tanto para adultos mayores como para quienes cuidan. Recientemente, la gobernadora de Puerto Rico firmó medidas que reconocen a los cuidadores informales como primera alternativa en contratación cuando se asignan fondos para el cuidado de adultos mayores, y amplió la supervisión de instituciones y servicios dirigidos a personas adultas mayores.

También se promulgó la Ley 82 de 2023, que crea un registro voluntario de cuidadores informales bajo la administración del Departamento de la Familia, con el fin de visibilizar su labor y facilitar el acceso a recursos y adiestramientos, aunque no otorga beneficios económicos directos.

Organizaciones como la Oficina del Procurador de las Personas de Edad Avanzada coordinan servicios de apoyo para cuidadores y familias, incluyendo programas de respiro y asistencia especializada para quienes enfrentan fatigas físicas y emocionales derivadas del cuidado prolongado.

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