Locales

El dilema de la vivienda asistida para los adultos mayores

Factores económicos y culturales dificultan la búsqueda de un cuidado constante.

Adultos mayores. Hay quienes están solos y sin cuidados necesarios por falta de acceso a hogares de cuidado prolongado. / getty
Adultos mayores. Hay quienes están solos y sin cuidados necesarios por falta de acceso a hogares de cuidado prolongado. / getty (monkeybusinessimages/Getty Images)

PUBLICIDAD

En un país que se mueve a una demografía de mayor edad, expertos aseguran que la accesibilidad a los hogares de cuidado es compleja.

Actualmente, el 30 % de la población de Puerto Rico es de adultos mayores y se estima que para el 2030 esta cifra alcance un 40 %. Así lo estableció el director de la Escuela de Cuidadores de Adultos Mayores, Dr. Ángel Muñoz.

PUBLICIDAD

Los datos apuntan a una encrucijada con el tema de la vivienda y los cuidados de la población.

“Estamos viendo urbanizaciones, comunidades y condominios que practicamente son égidas, por que quienes viven son adultos mayores”, enfatizó el profesor Muñoz.

A pesar del estigma o carga cultural sobre la decisión de ubicar un familiar en un hogar de cuidado prolongado, la realidad es que la cantidad de estos no es suficiente de cara al perfil demográfico de Puerto Rico. También hay un problema de costos y de personal preparado en el área de cuidado de adultos mayores.

En una entrevista reciente con Metro, la coordinadora de la Coalición de Entidades de Servicio, doctora Minerva Gómez, reveló que en Puerto Rico hay unos 1,150 hogares de cuidado prolongado, entre los licenciados por el Departamento de la Familia (DF) y los de la Administración de Servicios Salud Mental y Contra la Adicción (ASSMCA).

El costo promedio mensual puede comenzar desde $1,200 y catapultarse hasta un promedio de $2,200, dependiendo de los cuidados que necesite la persona. No obstante, Gómez reveló que, en un análisis de la Coalición en feberero del 2023, encontraron que la tarifa básica comienza en los $2,200. Si el centro ofrece servicios especializados, el precio incrementa.

PUBLICIDAD

La doctora estimó la población institucionalizada en unas 31,000 personas. De esas, el gobierno subsidia a unas 9,000. Hay costos que la ayuda gubernamental no cubre como pañales, artículos de higiene personal y ropa.

La directora de la Administración de Familias y Niños (ADFAN), Glenda Genera Ríos, precisó que aproximadamente 6,100 adultos mayores están subvencionados.

Para determinar quiénes pueden beneficiarse de la ayuda gubernamental, se calcula la pensión, el ingreso por Seguro social y si reciben el PAN, entre otros.

Actualmente, a través de ADFAN pueden recibir desde $1,300 hasta $1,600. No obstante, Genera Ríos destacó que a partir del 1º de julio las subvenciones aumentarán y estarán divididas por categorías, según las condiciones de salud del adulto.

“Se dividieron en tres áreas, de acuerdo a las condiciones de salud comenzamos con $1,900, la segunda es $2,150 y la tercera de $3,350 o más. Todo va a depender de la severidad de la condición. Por ejemplo, si hay un adulto mayor que requiere de asistencia de un ventilador o de algún servicio asistivo pues ahí caería en la categoría de $2,350 o si tiene otras situaciones, pues podría ser un poco más”, explicó Genera Ríos.

El resto de las 22,000 personas institucionalizadas en hogares de cuidado cubren sus gastos con las pensiones que reciban, sus ahorros y en la mayoría de los casos con colectas familiares.

Los planes médicos no cubren estos servicios.

“En entrevistas que han realizado los hogares de Centro de Cuidado han planteado recurrentemente que las subvenciones que dan el DF no son suficientes, no cubren por los gastos que tienen. Sabemos que es necesario establecer un presupuesto en Puerto Rico para hacerlo operacional. […] Te va a variar cuando llegue el recibo de la luz, el aumento de los alimentos de las dietas específicas que tienen los adultos mayores”, puntualizó el profesor Muñoz.

El representante del Partido Independentista Puertorriqueño(PIP), Denis Márquez, sostuvo que la accesibilidad a estos cuidados se ve comprometida por la falta de cubiertas de las aseguradoras.

“Aquí el problema, en muchas de las ocasiones, se divide en dos, en cuántos y cuán accesibles están esos servicios. Número dos, es cuando no tienes un plan médico con esa cubierta, como pasa en el Plan Vital, que va a depender si la persona tiene o no el Medicare o el pago que ha pagado el Seguro Social. Ahí hay un problema de accesibilidad, de costo”, puntualizó.

Los altos costos no son el único obstáculo, pues según explicó el profesor Muñoz los centros no cuentan con empleados suficientes para atender la demanda.

La falta de suficiente fuerza laboral y la realidad económica de las familias también incide en casos de negligencia médica.

“Una de las cosas que más se ve es que utilizan los medicamentos de Don Pedro porque a Don Raúl, por decirlo hipotéticamente, no le habían llegado los medicamentos o los medicamentos que se llevan le cambiaron el plan médico y todavía no están aprobados, la familia no los ha traído. Y en la negligencia médica también, dentro de los retos que tienen son los protocolos. Estos centros tienen que tener protocolos, por ejemplo, ante la caída de una persona. Si un adulto mayor se cae, tienen que tener protocolos y a veces no los siguen, y es darle la ayuda médica […]Si nos movemos a las familias, el reto principal en Puerto Rico es poder pagar el cuidado”, planteó Muñoz.

Sobre la fiscalización a los servicios, la directora de la oficina de licenciamiento de ADFAN, Bárbara González Nieves, indicó que cada tres meses evalúan los servicios, protocolos y la documentación de los centros. Desde el 2023 han cerrado 15 centros.

“La mayoría de los casos han sido pues recomendaciones de la Unidad de Maltrato Institucional por situaciones de maltrato o cierren también porque ya cesan los servicios”, explicó.

Con relación al reto de la contratación de personal estableció que contemplan una nueva tabla de requerimientos en términos de la cantidad de personal por hora y permitir la contratación por consultoría para “aliviar la carga”.

Por su parte, el director del AARP, organización que representa los intereses de los adultos mayores, José Acarón, indicó que es necesario restructurar las leyes para atemperar las políticas públicas a las necesidades actuales.

“La parte del funcionamiento de los hogares de cuido recae en Familia. ¿Por qué está en Familia y por qué no en Salud? Estos no son nursing homes, según la definición de nursing homes de Medicare. El modelo de los hogares en Puerto Rico es asistencia social, no salubrista”, indicó.

Acarón planteó que el DF “hace lo que puede” bajo unas leyes que necesitan atemperarse a las particularidades demográficas.

“La ley que da el licenciamiento necesita ser derogada y creada una nueva ley que se adapte a las necesidades y a la población mayor de este momento. La ley es de los años ‘86 y ‘87. En estos 30 años se ha transformado muchísimo la población”, argumentó.

Por su parte, Márquez, argumentó que se debe partir de políticas que visualicen la salud como un derecho en todas sus etapas, para que haya accesibilidad.

A juicio de los entrevistados, estos espacios deben ser lugares holísticos, atractivos y que se visualice la etapa como cualquier otra, integrando cuidados preventivos, activos y recreativos. Asimismo, Acarón opinó que los hogares y familiares deben evitar pensar en que ya este es el “punto final” de sus seres queridos.

Consejos a la hora de escoger un centro

Muñoz estableció que al momento de seleccionar un hogar el costo no debe ser el factor completamente determinante.

“El costo del hogar no puede ser el indicador primordial de que es el hogar para mi familia. Claro, sabemos la situación económica, pero tiene que ser más allá”, instó.

Agregó que es necesario considerar las actividades recreativas del hogar, si cumple con todos los permisos y licencias del DF e indagar sobre posibles querellas o señalamientos.

“Sería ideal que cuenten con la visita de un médico, que tengan enfermeras, que usted conozca cuántos empleados tienen”,dijo.

También, recomendó conocer las capacitaciones del personal, si cumplen con la educación continua y el estado de las facilidades. A su vez, los familiares deben conocer sus protocolos, planes de seguridad, horarios de visita, manejo de emergencias y, en el caso que el familiar tenga una condición particular, entender el trato.

Lidiar con la culpa

Tanto el profesor como el representante reconocen que tomar la decisión de llevar un familiar a un cuido es difícil y muchos sienten culpa o consideran que abandonan a la persona. No obstante, enfatizaron en que ese vínculo familiar solo modifica, tomando en consideración a las necesidades del paciente y su bienestar.

Muñoz planteó que lo importante es reconocer que están asegurando una calidad de vida de su adulto mayor.

“Es importante que las familias se preparen para este momento de tener que llevar a un familiar a cuidado prolongado, y el primer paso es tener una conversación con la familia, conocer las necesidades que tiene ese adulto mayor, pero también mirar lo que le gustaría y lo que no”, concluyó el profesor.

PUBLICIDAD

Tags

Lo Último