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Primer ministro de Haití aterriza en Puerto Rico en medio de violencia en su país

El gobierno de su país y el de la República Dominicana le impidió la entrada, por lo que tuvo que llegar a Puerto Rico

El primer ministro de Haití, Ariel Henry, da una conferencia pública en la Universidad Internacional de Estados Unidos (USIU) en Nairobi, Kenia, el viernes 1 de marzo de 2024. (Foto AP/Andrew Kasuku) AP (Andrew Kasuku/AP)

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El primer ministro de Haití, Ariel Henry, aterrizó esta tarde en el Aeropuerto Luis Muñoz Marín en San Juan, Puerto Rico mientras intentaba regresar a su país para sofocar un aumento de los violentos ataques de pandillas, dijeron funcionarios.

Las autoridades confirmaron a la agencia de noticias The Associated Press que Ariel Henry aterrizó a última hora de la tarde en la capital de San Juan. Los funcionarios hablaron bajo condición de anonimato porque no estaban autorizados a confirmar su llegada.

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Se esperaba que Henry viajara a República Dominicana más tarde para volar a Haití, pero el gobierno de la nación caribeña cerró sus fronteras aéreas mientras las pandillas en Haití continúan intensificando sus ataques contra objetivos clave como prisiones y el principal aeropuerto internacional.

El asediado gobernante, quien asumió tras el asesinato en 2021 del presidente Jovenel Moïse, brillaba por su ausencia desde que estalló el brote de violencia más grave y reciente la semana pasada. Henry permanece mudo mientras recorre el mundo, de Sudamérica a África, sin dar señales de retornar a su país.

Mientras tanto, los grupos armados ocupan el vacío de poder. El lunes intentaron tomar el control del principal aeropuerto internacional y se tirotearon con la policía y el ejército. En medio de la explosión de violencia se produjo una fuga masiva de las dos cárceles más grandes del país.

Un decreto que declare el estado de emergencia y toque de queda para restaurar el orden carece de la rúbrica de Henry. Lo firmó el ministro de Hacienda, que además es el primer ministro en funciones.

“Es la pregunta del millón”, dijo el investigador Jake Johnston, del Centro de Investigaciones Económicas y Políticas con sede en Washington. “Nadie sabe dónde está ni cuándo regresará. No ha abierto la boca desde que comenzó la violencia, y eso ha dado lugar a toda clase de conjeturas”.

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Las pandillas abrieron fuego el lunes por la noche fuera del Aeropuerto Internacional Toussaint Louverture, donde aterrizaría Henry en caso de regresar.

Se veía un camión blindado sobre la pista disparando hacia las pandillas que intentaban entrar al aeropuerto mientras decenas de empleados huían entre los balazos. El aeropuerto estaba cerrado en el momento del ataque, sin movimiento de aviones ni pasajeros. Seguía cerrado el martes.

También estaban cerrados escuelas y bancos, y el transporte público estaba paralizado. Varias instalaciones policiales estaban abandonadas.

“Haití está bajo control de las pandillas. El gobierno no está presente”, dijo Michel St-Louis, de 40 años, frente a las ruinas incendiadas de un cuartel policial en la capital. “Espero que no permitan regresar a Henry para que quien tome el poder pueda restaurar el orden”.

Los problemas de Haití son profundos y no admiten soluciones fáciles, y Henry mismo es cada vez más impopular. Ante su incapacidad para gobernar, se multiplican los llamados a que renuncie. Las pandillas los han hecho suyos, con tal de acrecentar su propio poder, dijo Johnston.

Se desconoce el paradero preciso de Henry. Dan Foote, enviado especial del gobierno del presidente Joe Biden a Haití tras el asesinato de Moïse, dijo que, por lo que sabe, el primer ministro está en Nueva York, donde sopesa sus próximas medidas y si puede regresar con seguridad. La Associated Press no pudo verificarlo.

“No sé si podrá regresar a casa”, dijo Foote.

Henry fue visto por última vez el viernes en Kenia, donde intentaba salvar la fuerza multinacional de seguridad que la nación del oriente africano se aprestaba a conducir bajo los auspicios de Naciones Unidas. Se fue de Haití hace más de una semana para asistir a una reunión de mandatarios caribeños en Guyana, donde se anunció un nuevo plazo para demorar nuevamente unas elecciones reiteradamente aplazadas; el anuncio fue de otros, no de Henry. La nueva fecha sería a mediados de 2025.

Aparentemente, fue ese anuncio lo que detonó la oleada más reciente de violencia. Comenzó con un desafío de un poderoso cabecilla, Jimmy Chérizier, un exoficial de policía conocido como Barbecue, que se presenta como una suerte de Robin Hood. Chérizier dijo que atacaría a ministros del gobierno para impedir el regreso de Henry y obligarlo a renunciar.

“Con nuestras armas y con el pueblo haitiano liberaremos el país”, dijo en el mensaje por video en el que anunció la ofensiva.

Empezó a cumplir su amenaza a los pocos días, cuando las pandillas atacaron el banco central, el aeropuerto e incluso el estadio nacional de fútbol. La ofensiva coordinada culminó durante el fin de semana, cuando se produjo una fuga masiva de la Penitenciaría Nacional y otra cárcel de más de 5,000 presos, muchos de los cuales purgaban condenas por asesinato, secuestro y otros crímenes violentos.

La oficina del primer ministro no ha respondido a los pedidos de declaraciones ni ha dicho dónde está el primer ministro y cuándo piensa regresar.

Henry, un neurocirujano de hablar pausado, se presenta como una figura de transición, un pacificador que cuenta con el respaldo del gobierno estadounidense, el principal aliado extranjero de Haití y la clave de cualquier intento de estabilización.

Pero el apoyo del gobierno de Biden no se ha traducido en popularidad en el país, donde Henry es objeto de injurias. Desde que tomó el poder hace más de dos años, la economía está en caída libre, los precios se han ido por las nubes y la violencia pandillera se ha multiplicado.

El año pasado, se informó de la muerte, lesión o secuestro de más de 8.400 personas, el doble con creces de la cifra reportada en 2022. La ONU calcula que casi la mitad de los 11 millones de habitantes requieren ayuda humanitaria.

Además, Henry ha sido incapaz de lograr un acuerdo entre los actores políticos para convocar a una elección general, realizada por última vez en 2015.

La ola reciente de violencia ha renovado las presiones sobre Estados Unidos y otras potencias para que envíen rápidamente una fuerza de seguridad que detenga el derramamiento de sangre. El gobierno de Biden ha prometido fondos y apoyo logístico para una fuerza multinacional, pero se ha negado a enviar fuerzas estadounidenses.

Al mismo tiempo que el enviado de Biden declaró que no se enviarían efectivos estadounidenses, Foote dijo que era imposible evitar una intervención militar encabezada por Estados Unidos.

“Ahora es una necesidad absoluta”, dijo Foote a la AP. “Hemos permitido que esto cayera de mal en peor al tiempo que abdicamos de nuestra responsabilidad. Pero nadie puede sostener que Haití no es un Estado fallido cuando se vacía la cárcel”.

Las elecciones siguen siendo la mejor manera de estabilizar el país una vez que se restaure la seguridad, pero Estados Unidos deberá desistir de su apoyo a Henry para que la intervención tenga éxito, prosiguió.

“Ninguna elección dirigida por Henry será aceptada por el pueblo haitiano”, dijo. “Si no fuera por nuestro apoyo, los haitianos hubieran depuesto a Henry hace tiempo”.

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