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El peligro de los nuevos transgénicos

En los últimos años se ha utilizado una nueva técnica para desarrollar organismos modificados genéticamente (OMG) que alteran el código de plantas y animales más rápidamente y en más puntos del ADN.

Un agricultor al centro de una panorámica en la que se observa una plantación, totalmente verde. El hombre se ve desde la cintura hacia arriba.

Aunque llevamos al menos 10,000 años modificando indirectamente la carga genética de plantas y animales, no fue hasta la década de 1970 cuando se transfirió ADN de un organismo a otro. Y en 1983 se creó la primera planta de tabaco transgénico.

Desde entonces, se han empezado a producir y comercializar semillas y plantas transgénicas. Su uso se ha extendido a varios países y regiones debido a su mayor productividad y resistencia a las plagas. Pero varios científicos y organizaciones han empezado a alertar sobre los posibles daños que pueden causar a la salud humana.

Por eso, algunas empresas se han volcado recientemente en el desarrollo de una nueva generación de organismos modificados genéticamente (OMG), que utilizan una técnica conocida como CRISPR (“Repeticiones Palindrómicas Cortas Agrupadas Regularmente Espaciadas”, por sus siglas en inglés), descrita como “un par de tijeras moleculares capaces de editar o alterar con precisión una secuencia de ADN”.

Aunque algunas organizaciones y especialistas ven en CRISPR un avance científico que puede ayudar a crear mejores alimentos e incluso mejorar la salud humana, otros han advertido de las consecuencias de su uso para modificar plantas y frutas.

Organizaciones como Amigos de la Tierra Europa afirman que esta técnica puede alterar el código genético de plantas y animales más rápido y en más puntos de la secuencia de ADN que los métodos actuales.

“Esto también puede conducir a la producción inesperada de nuevas toxinas y alérgenos en las plantas, lo que podría afectar a la seguridad de los nuevos productos transgénicos para los seres humanos y las especies silvestres”, explicó a Metro Mute Schimpf, activista alimentaria de Amigos de la Tierra Europa.

5 PREGUNTAS A... Mute Schimpf

Activista alimentaria de Amigos de la Tierra Europa

Mute Schimpf en una fotografía en tonos sepia, en un close-up de rostro.

Háblenos de los transgénicos.

- Desde finales de los años 90, los cultivos transgénicos se cultivan sobre todo en América. Algunas plantas como la soja, la colza o el algodón están modificadas genéticamente para sobrevivir a la pulverización de pesticidas o para protegerse de las plagas. Se trata de la introducción de un gen que genera una toxina en las plantas que daña a las plagas. En Europa, sólo los agricultores de España cultivan maíz transgénico.

¿Cómo pueden afectar al medio ambiente?

–Las semillas transgénicas son producidas por las mayores corporaciones mundiales de pesticidas, que a menudo venden pesticidas con las semillas en un paquete. Más de dos décadas de experiencia con las plantas transgénicas existentes han demostrado que contaminan la naturaleza y se cruzan con las plantas silvestres, así como con los campos vecinos.

¿Cómo afecta eso a los humanos?

–La cosecha de plantas modificadas genéticamente se utiliza principalmente para alimentar animales, para biocombustibles o para otros fines industriales. En Europa, los supermercados eliminaron los alimentos OMG hace 20 años. Si se cambia algo en un punto del plano genético de la planta, también podría cambiarse otra cosa por error. Esto ya ha ocurrido, pero hasta ahora no se conocen efectos nocivos para el ser humano. Se necesitan más investigaciones a largo plazo sobre estos efectos secundarios no deseados.

¿Cuáles son sus recomendaciones?

–Recomendamos a agricultores y consumidores el uso y consumo de semillas y alimentos convencionales o ecológicos. Los cultivos transgénicos no producen mejor ni son mejores para el medio ambiente. Los alimentos locales de pequeños y medianos agricultores y procesadores de alimentos son la mejor opción para una dieta sana y diversa.

¿Qué hay que hacer ante los nuevos transgénicos?

– Ante la crisis climática y la drástica pérdida de biodiversidad, urge una transición hacia sistemas alimentarios sostenibles. El debate sobre los OGM actuales o nuevos distrae de esta transición. Los responsables políticos deben apoyar la agricultura agroecológica, que está demostrado que reduce drásticamente las emisiones climáticas y el uso de pesticidas, paga mejor a los agricultores, ofrece resiliencia climática, protege la biodiversidad y aumenta la seguridad alimentaria y la nutrición.

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