Columna de Yolanda Rosaly: Entre Lady y ChiquiFatmagül
De verdad, no puedo definir qué me ha impactado más en los últimos días: si el éxito y las secuelas de Fatmagül en nuestra industria televisiva o la exagerada…
Por Yolanda Rosaly @YolandaRosaly
De verdad, no puedo definir qué me ha impactado más en los últimos días: si el éxito y las secuelas de Fatmagül en nuestra industria televisiva o la exagerada cobertura del bochinche entre el productor César Sainz y su exesposa Lady Guzmán.
Porque, inesperada e insospechadamente, el éxito de esta novela turca viene a rendir frutos positivos para el público, pues se trata de un melodrama inteligente, con sentido e historia real que al mismo tiempo es entretenido. Igualmente, Fatmagül ha venido a darle un buen impulso a la economía de los medios de comunicación (por lo menos a dos de ellos) en un momento en que encuentra gran competencia con los canales de cable, empresas o sistemas que permiten (por un precio ultramódico) acceder a cientos de extraordinarias películas y series, al igual que con los canales disponibles a través de Internet.
Debo mencionar que, a pesar de que en estos momentos WAPA es la emisora líder, seguida por Telemundo, y ambas han logrado gran arraigo con Fatmagül, no es menos cierto que ninguna de las dos empresas lograron sus metas de ventas el año pasado y andan haciendo malabares para lograrlas en el 2016. Entonces, el que el país se encuentre conectado a ambos canales gracias a esta teleserie es un empuje que los tiene bailando en un solo pie. ¡Enhorabuena!
Por otro lado, el éxito de Fatmagül es tanto que me he visto obligada a hablar sobre ella en varias columnas. ¡Ni modo! Porque siempre hay algo nuevo o interesante que decir, como, por ejemplo, que consta de dos temporadas (la primera de 39 capítulos y la segunda de 41); que ha roto récords de sintonía en su país de origen, así como en decenas de mercados alrededor del mundo, logrando entre 30 y 35 puntos de rating; que en Puerto Rico va por el mismo camino; que el turismo en Turquía se incrementó considerablemente, sobre todo en Estambul, a donde muchos llegan con el único propósito de visitar algunos de los lugares donde fue filmada y para disfrutar de los espectaculares paisajes. Pero lo más trascendental ha sido la cantidad de mujeres que, inspiradas por la protagonista, decidieron denunciar sus casos de violación.
Y es tanta la curiosidad por conocer detalles sobre todo lo que rodea a Fatmagül (y obviamente aprovechándose del éxito alcanzado) que WAPA decidió enviar a Turquía a Normando Valentín, junto con su equipo de Aquí está la verdad, para realizar entrevistas a varios de sus protagonistas y presentarle al público los lugares donde fue filmada (como la casa de Kerim y el restaurante de Fatmagül), así como los sitios más emblemáticos presentados en la teleserie.
Lo anterior contrasta impactantemente con la relevancia que se le brinda a un hecho que, me parece, no tiene ninguna trascendencia en el pueblo; que entiendo a pocos importa y que no merecía alrededor de 10 minutos de programa: el “bollete” (como diría mi amiga y licenciada Mayra López Mulero) entre César Sainz y su excónyuge Lady Guzmán. Y, como canta Thalia, “¡a quién le importa!”. Aunque conocidos por sus labores en el mundo del espectáculo y la televisión, en realidad no se trata de figuras reconocidas por todos, por lo que llaman “la masa”. Ojo: no me vayan a malinterpretar, pues no estoy, bajo ningún concepto, menospreciando sus labores ni su talento. No se trata de sus ejecutorias profesionales.
Pero prueba de que se le ha dado más importancia pública de la que merece a este asunto (no a ellos) es que el altercado que llevó a las autoridades a arrestar a Lady el pasado lunes por violar una orden de protección fue, por eso mismo, blanco de ridiculizaciones, burlas, chistes, ataques y memes en las redes sociales. Y es una pena, pues se trata de un asunto muy serio que involucra, además, a menores de edad.
Así las cosas, hablo de que hay espacio para todos los géneros: las chiquicomedias, las chiquivariedades, los chiquichismes, etcétera. ¡Ven de lo que les hablo! En serio y en resumen, el asunto es que cada programa debe estar claro y centrado en definir y hacer correctamente el trabajo que le corresponde, sin exagerar, sin sacar de proporción, sin hacer daño.


