Columna de David Hernández: Los cambios suelen doler

En algún momento hemos sufrido por los cambios que ocurren en nuestra vida. Es probable que ocurran por que perdamos algún empleo, la perdida de algún ser…

Por David Hernández

9 feb 2016, 11:00 pm 3 min de lectura

En algún momento hemos sufrido por los cambios que ocurren en nuestra vida. Es probable que ocurran por que perdamos algún empleo, la perdida de algún ser querido o un divorcio. Es parte de lo que ocurre cuando se distorsiona o altera el orden de nuestra existencia, sacándonos de ese “comfort” al cual estábamos acostumbrados. Un orden donde no deseamos que se den cambios.

Claro que sabemos que la vida está llena de obstáculos, sin embargo, intentamos organizarnos de tal manera que podamos evitar esos cambios que puedan alterar la tranquilidad y la calidad de vida que buscamos, creyéndonos que de esta manera podemos evitar o al menos minimizar el dolor que esos cambios nos puedan traer.  

Hay personas que ahorran para poder estar cómodos en su vejez. De repente, caen en una enfermedad y desaparecen sus ahorros. Otros posponen su retiro, esperando ese momento perfecto, donde se sientan listos emocional y económicamente. Surge de la nada un evento, que los alejan de todos aquellos planes que tenían previstos para su retiro. En cualquier momento, la vida los puede arroyar, dejándolos desprovistos de algún plan de contingencia, porque sencillamente no tienen nada preparado.

Esas tragedias inesperadas que parecen ser designios del destino, nos caen como del cielo, arrancando de raíz todo lo que creíamos haber establecido como perfecto. En realidad, siempre hay algún aviso, esa voz interior que intenta advertirnos de lo que se avecina y hasta dejarnos ver que detrás de esa tragedia, vendrá una lección que fortalecerá el espíritu.

Por supuesto que los cambios también nos traen inseguridad, temor, incertidumbre y pensamos lo difícil que podría ser ajustarnos a ellos. Son estos sentimientos lo que hacen que no veamos las señales que se acercan, que entremos en negación, huyendo de lo inevitable. Negándonos la oportunidad en el momento de un crecimiento espiritual. Somos humanos, parte de nuestra lección de vida es precisamente pasar por esos momentos de incertidumbre. La pregunta que quizás nos debamos hacer es; ¿Cómo lo supero?

La meditación, el centrarnos en el silencio del espíritu para que el alma pueda despojarse del dolor, es la respuesta para levantarnos del dolor que enfrentamos o que se avecina. A través de la experiencia de la meditación, la paz suele encontrarnos y trae sosiego al alma. La meditación apacigua el ego, callando las inseguridades. En el silencio es donde escuchamos las respuestas que buscamos y esto hace el camino de nuestras lecciones mucho más llevadero.

En esa búsqueda y despertar de la consciencia, nos damos cuenta del poco control que tenemos sobre el destino y se nos hace más fácil soltar y soltarnos a las lecciones que nos corresponden.

La meditación facilita ese aprendizaje de soltar aquello que no podemos controlar. Es la luz que nos enseña el camino por dónde debemos caminar. El acompañante que buscamos cuando necesitamos quien nos consuele y fortalezca el alma.

Te invito a que te des la oportunidad de meditar y encontrar en esa práctica la paz y la fortaleza para prepararte mejor para los cambios, que son inevitables y que en ocasiones, suelen doler.

 

David Hernandez autor: El Alquimista del Espíritu


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