Pobreza lleva a boricuas en Orlando a vivir en hacinamiento

La petición de paquetes de alimentos para animales que realizó una maestra de escuela pública a sus estudiantes como condición para subir las notas o pasar de…

Por Juan Carlos Melo @melodicespr

14 dic 2015, 11:00 pm 6 min de lectura
Pobreza lleva a boricuas en Orlando a vivir en hacinamiento


La petición de paquetes de alimentos para animales que realizó una maestra de escuela pública a sus estudiantes como condición para subir las notas o pasar de grado fue la causa principal que provocó que Yelena Padilla decidiera salir de Puerto Rico junto con su esposo y tres niñas.

Así como lo lee. “En el momento que se estaban terminando las clases sale una maestra de la Pachín Marín de Hato Rey y les notifica a los estudiantes que, si quieren subir las notas o quieren pasar la clase con A, deben traer fardos de comida de animal o toallas para llevarlas a un refugio, y les daba A”, dijo Padilla.

Ella, quien no estaba contenta con la educación que recibían sus niñas,  un malestar que viven cientos de padres y que ha provocado que el sistema público del país pierda sobre 30 mil estudiantes en este año escolar, puso en efecto su decisión de fuga al año siguiente.

El bajo salario, los pocos beneficios y los problemas de salud que comenzó a presentar su esposo, un policía municipal de San Juan con 12 años de servicio, abonaron a la decisión.

Vendieron todo y con casi $5,000 que lograron reunir llegaron a Tampa, Florida, a casa de una sobrina. Allí conseguir un empleo se les hizo una agonía.

“Las ofertas de trabajo que aparecían nos quedaban como a dos horas mínimo y el transporte público es peor que en Puerto Rico”, detalló Padilla, quien vio cómo los ahorros de muchas quincenas se diluían.

Tras un año batallando en Tampa se mudaron a Lakeland, una ciudad en el condado de Polk, donde su esposo rápidamente obtuvo trabajo y lograron mudarse solos. Pero el dinero no les alcanzaba: agua, luz, renta, mantenimiento, carro, seguros y tres niñas en crecimiento los obligó a pasarse al centro de Orlando, donde ambos consiguieron empleo.

Allí su situación económica da indicios de mejoría. Ya empezaban a ver la magia que destila el orejón de Mickey Mouse y el brillo que emanan los trajes de las rígidas princesas del Reino Encantado. No obstante, ese “esplendor” se desvaneció cuando Padilla sufrió un ataque al corazón.

“Me operaron de emergencia y no he podido volver a trabajar. Él (su esposo) sigue trabajando solo, un sueldo menos. Los ahorros que tenía tuve que utilizarlos para ayudar en los gastos”, menciona Padilla, revelando que, ante ese escenario, la familia tuvo que recurrir a mudarse a un hotel de renta semanal, uno de varios lugares que abundan en la zona de Orlando con familias de distintas etnias pero con un denominador común: pocos recursos económicos.

Para Padilla, la mudanza a este pequeño espacio que le permite acomodar como puede sus pertenencias y cocinar para cinco personas en una estufa eléctrica de dos hornillas no representa un retroceso, más bien lo visualiza como un proceso que le permite pasar mucho más tiempo con sus hijas.

“Pasamos más tiempo juntas. Hacemos la tarea. Jugamos. Es pequeño el espacio, pero tenemos esta unidad. Ahora estamos reuniendo el dinero para mudarnos a una casa para que cada una tenga su propio espacio y un patio para jugar”, afirma Padilla, quien lleva siete meses en este cuarto de hotel de dos camas por el que paga $260 cada semana.

Ocho en un cuarto de hotel

El lugar que habita Padilla, el Great Value Suites en Orlando, se ha convertido en el punto de encuentro para decenas de familias puertorriqueñas que atraviesan por un duro proceso económico o que recién salen de Puerto Rico.

Aquí, en una sola habitación, se divisan desde parejas que han perdido sus trabajos, familias de hasta seis miembros lanzados a la calle por no poder pagar su hipoteca y madres solteras con hasta ocho hijos, en algunos casos recién nacidos.

Leonardo Guzmán, gerente general de este hotel de estancia indefinida, estima en 150 la cantidad de niños que viven allí.

Asegura que el 70 % de los que se hospedan son hispanos y que el 60 % son puertorriqueños, que en su gran mayoría no hablan inglés, uno de los mayores retos que enfrentan los boricuas para salir adelante.

Agrega que gran parte de los que se quedan en el hotel son familias que están en transición. “Viven aquí porque no pueden pagar una casa. El salario mínimo en Orlando está en $8.25. Entonces, tú con $8.25 la hora te vas ganando como $300 a la semana y un apartamento aquí está costando entre $900 a $1,100 y 1,200 la renta. Para entrar a un apartamento, necesitas el doble de eso”, detalla Guzmán, quien asegura que a esos gastos hay que sumarles agua, luz y cable, “lo que te lleva a pagar en promedio de $1,200, $1,300 al mes. Con una familia de cuatro a cinco personas el salario no te da”, afirma.

De acuerdo con Guzmán, la falta de trabajo es la principal necesidad de los puertorriqueños que se quedan en el hotel. “Los boricuas son gente trabajadora, que vienen en busca de trabajo, en busca de un cambio de vida que no les da Puerto Rico”.

El administrador del hotel, cuya renta semanal oscila entre los $195 y los $260, lamenta que haya muchos boricuas que vienen por uno o dos meses “y no pueden pagar la renta y les toca ir a los albergues o dormir en los carros”.

Sobre la obtención de empleo en Orlando, Guzmán dice que por la falta de conocimiento del idioma anglosajón muchos han perdido buenas oportunidades laborales. “Si no pasan una serie de preguntas o evaluaciones, no los cogen, y a la gente le toca acogerse a lo que tiene. Coger cualquier trabajo, porque aquí hay otras compañías que los cogen y les pagan por día $40.00, $50.00, $60.00, y una familia con eso aquí no vive”.

La amplia necesidad de muchos puertorriqueños en Orlando es altamente conocida. De hecho, entidades como la oficina regional de la Administración de Asuntos Federales de Puerto Rico en la Florida (PRFAA) y la Hispanic Office for Local Assistance (HOLA) en Orlando refieren a este lugar a boricuas en precariedad económica que tocan las puertas de sus oficinas.

El hotel de 210 habitaciones, todas llenas, es parte de la organización Feed and Fortify Community, que ayuda a personas de escasos recursos. En la víspera del Día de Acción de Gracias, personal del hotel, de PRFAA y de la organización realizaron una cena especial para sus inquilinos.

Además, este próximo sábado 19 de diciembre realizarán su acostumbrada cena de Navidad, donde se ofrecerá comida y se obsequiarán juguetes a los niños que han sido donados por buenos samaritanos y entidades comunitarias.

“En la actividad también aprovechamos para pagarles la renta a algunas personas que están muy mal. Se seleccionan de cuatro a cinco familias y se les paga una semana de renta que no es mucho, pero les sirve”, destaca Guzmán, quien invitó a las personas que deseen realizar algún tipo de donación se comuniquen al hotel.