Columna de Padre Orlando Lugo: Yo soy, yo soy, yo soy domirriqueño...

Me niego a usar este envidiable espacio en Metro para comenzar un nuevo debate mediático por la muy lamentable decisión que el Tribunal de San Juan tomó hace…

Por Padre Orlando Lugo Pérez @PadreOLugo

10 dic 2015, 11:00 pm 2 min de lectura

Me niego a usar este envidiable espacio en Metro para comenzar un nuevo debate mediático por la muy lamentable decisión que el Tribunal de San Juan tomó hace dos días en la que reconocía el derecho a la adopción de una pareja del mismo sexo. Esa determinación jurídica civil apela más a una agenda ideológica que a la misma justicia natural. No importa la evidencia científica, sociológica, testimonial y jurídica que se presente —evidencia que afirma que ninguna institución civil tiene potestad para quitar el derecho natural que tienen los hijos a tener papá y mamá—, algunos jueces responderán a los intereses de un pequeño pero poderoso grupo social, capaz de poner y quitar a poderosos de sus sedes.

Prefiero hablar de un asunto maravilloso para el cine puertorriqueño y que, sin duda, se ha convertido en una fenómeno artístico que ha levantado pasiones de esperanza y unidad en nuestras comunidades. Se trata del extraordinario largometraje Los domirriqueños. A pesar de las diferencias de estilos en la personalidad que tengo con el exitosísimo locutor de La Mega José Pabón el Molusco, admito orgullosamente que su desempeño como Paco, al igual que el de sus compañeros comediantes, fue extraordinario.

Los domirriqueños es una cinta de comedia. Su trama, edición, musicalización, libreto y personajes cautivan al público de principio a fin. Siempre he considerado que el Molusco es un talento extraordinario que algunas veces es utilizado para promover una comedia violenta que en nada aporta al sano desarrollo de la mentalidad puertorriqueña. Pero esta es otra etapa del Molusco, una más madura y abierta a ese público que no necesita del doble sentido ni de las malas palabras para reírse. Hay que ser más talentoso para hacer reír sin usar la vulgaridad que haciendo uso de ella.

Pero lo mejor de Los domirriqueños es su mensaje. Lleva un mensaje de unidad para dos culturas maravillosas: la dominicana y la puertorriqueña. Lleva un mensaje de superación, de amor, esperanza, reconciliación y de orgullo cultural. A pesar de que el tema político pudiera herir alguna sensibilidad, los comediantes logran con su talento hacer algo distinto en Navidad… algo que ni los religiosos ni políticos hemos logrado: unir. Molusco, papi, te botaste. Por eso de ahora en adelante cantaré como ustedes: “¡Yo soy, yo soy, yo soy domirriqueño!”.

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