Columna de Padre Orlando Lugo: ¡A Pescozá limpia!

“¡Caballero!, ¿ese vehículo es suyo?”, me cuestionó una de las encargadas de la seguridad en el moderno estacionamiento del aeropuerto internacional Luis Muñoz…

Por Padre Orlando Lugo Pérez @PadreOLugo

26 nov 2015, 11:00 pm 2 min de lectura
Columna de Padre Orlando Lugo:  ¡A Pescozá limpia!

“¡Caballero!, ¿ese vehículo es suyo?”, me cuestionó una de las encargadas de la seguridad en el moderno estacionamiento del aeropuerto internacional Luis Muñoz Marian en Carolina.  “Si”, respondí casi temblando, porque el carro era presta’o.

“Es que la puerta del conductor está abierta. Pudiera verificar si algo le ha sucedido a su carro”, expresó Johanira, quien permaneció inmóvil al lado de mi vehículo por más de una hora esperando a que regresara de haber dejado a un amigo que volaba hacia Colombia. Veló y veló por algo que no era suyo, para que nadie lo dañara ni lo vandalizara. ¡Qué clase de pescozón de civismo y decencia! Tan distinto a los que han volado tantas veces durante los llamados viernes negros…

Estupefacto por la gentileza de esa gran mujer, no dudé un instante en confiarle que, además de despista’o, era sacerdote – pues no llevaba mi vestido clerical–, y que oraría por su vida e intenciones. Le manifesté a Johanira que por personas como ella Puerto Rico aún se sostenía en pie. De veras, me sentí muy orgulloso de haber nacido en aquí y por el pescozón de caridad y entrega que esa mujer propinó a mi herido sentido patrio. La ejemplar guardia de seguridad abrió sus ojos y se sorprendió. Lo único que alcanzó a contestar fue un gentil: “¡Gracias, amén!”.

Me regresé a Coamo con una clajjje de contentura que hasta hoy me dura. Me decía a mí mismo: “Los malos no están ganando. La gente buena es más. Puerto Rico tiene esperanza. El trabajo por promover lo bueno y lo justo no puede acabar, aunque sea duro y muchos no lo valoricen. Existen personas dispuestas a hacer la diferencia. Por más que unos minúsculos grupos con poder quieran promover la violencia, la gente buena es más”. ¡Qué grande somos!

Mientras unos se caen a pescozá limpia por un trozo de materia caduca, otros llenan la historia de la humanidad con pescozás que llenan el alma de alegría e ilusión. Ya lo decía el papa Francisco durante su primera comparecencia pública en tierra africana el pasado miércoles, donde recordó que la vida no puede vivirse con miedo ni desconfianza, pues ambos estados del alma son alimento para “la violencia, los conflictos y el terrorismo”. Así que nadie se desanime, construyamos lo bueno… ¡a pescozá limpia!