Columna de Yolanda Rosaly: ¿Por qué el culto al viernes?

Pero ¿cuál es la obsesión con el viernes? ¡Dios mío! No sé si estará de acuerdo conmigo, pero eso de que, desde el lunes, en cuanto programa de televisión y…

Por Yolanda Rosaly @YolandaRosaly

18 nov 2015, 11:00 pm 3 min de lectura

Pero ¿cuál es la obsesión con el viernes? ¡Dios mío! No sé si estará de acuerdo conmigo, pero eso de que, desde el lunes, en cuanto programa de televisión y radio anden añorando, esperando, reclamando, rezando para que llegue el último día laborable me parece estéril y contraproducente.

Para empezar, no para todo el mundo el viernes es el último día de trabajo. Pero, para quienes comienzan a laborar los lunes eso de estar pensando y pronunciando su deseo de que termine la semana es como si detestaran lo que hacen, como si dijeran: “¡Dios mío, cuando se acabará esta tortura!”. Ese es el mensaje que recibo cada vez que los escucho; como si no le interesara y hasta le molestara estar frente a una cámara o un micrófono.

Y lo peor de todo es que, cada día que pasa, este anhelo porque llegue el viernes se incrementa sin darle relevancia a lo realmente importante: la bendición que es tener trabajo, sobre todo en momentos como este. Contar con un lugar donde ganarse el pan, para muchos de forma regular, es algo que miles añoran. Eso es lo que habría que destacar: el lujo de tener un trabajo y no “cuándo será la hora de que llegue el viernes para largarme de aquí”.

Los lunes escuchamos a muchos decir al aire: “Hoy es día de recuperación, el día más difícil de la semana, pero tranquilos porque cada día que pase quedará menos para que llegue… ¡el viernes!”.

Los martes: “¡Ya superamos el lunes! Hoy es martes y cada vez quedan menos días para que llegue… ¡el viernes!”.

Miércoles: “¡¡¡Ombliguito de la semana!!! (¡Cómo me re…vienta esa frase!) Estamos a mitad de camino y en conteo regresivo para… ¡el viernes!”.

Jueves: “¡Ya es ‘juernes’ o jueves pre-sexy social! (Claro, en honor al siempre llamado viernes social) ¡Y solo falta un día para el tan esperado… ¡viernes!”.

Viernes: (Con música, coreografía, confeti, etcétera) “¡¡¡Gracias, Dios mío, porque ya hoy es… VIERNES!!!”. Como quien dice: “Qué bueno que mañana no tengo que venir a trabajar, a hacer algo que me molesta, que aborrezco y me pesa tanto…”.

No estoy tan segura de que en otros países esto sea una norma, una tradición y culto como lo es aquí. Si acaso, en uno que otro canal hispano escuchamos comentarios sobre la culminación de la semana, pero solo ese día, el viernes. Y tampoco es algo exagerado. Sencillamente, se destaca que llegó el momento de realizar otras labores tan satisfactorias y necesarias como contar con tiempo para compartir con la familia y amigos, para descansar, etcétera.

Créanme que somos muchos los que no nos pesa y hasta disfrutamos los lunes. Es más, hasta nos provoca ilusión de comenzar una nueva semana con la oportunidad de crear, crecer, superarnos, aportar y pasarla superbién haciendo lo que nos gusta. O, por lo menos, contando con la oportunidad de ganarnos el sustento honradamente.

Además, les confieso que soy de las que pienso que la alegría de llegar a la casa, o cualquiera que sea su destino al finalizar la jornada de trabajo, no debe circunscribirse a un viernes. Cada tarde o noche que he llegado a mi hogar —cualquiera de los siete días de la semana— me ilusiona la oportunidad que tengo de disfrutar de todo lo que significa y encierra ese espacio, de compartir con los míos, descansar, planificar, soñar…

Así las cosas, llegará el momento en que no habrá un próximo viernes. Disfrute cada día de la semana, cada hora, cada minuto, cada segundo, cada instante… En su trabajo, en donde quiera que se encuentre, contemos nuestras bendiciones hoy.

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