Columna de Armando Valdés: Su marca será la crisis

Las campañas políticas del 2016 serán definidas por los graves problemas fiscales que enfrenta Puerto Rico. Quiéranlo o no los candidatos, todo planteamiento…

Por Armando Valdés @armandovaldes

5 nov 2015, 11:00 pm 3 min de lectura
Columna de Armando Valdés: Su marca será la crisis

Las campañas políticas del 2016 serán definidas por los graves problemas fiscales que enfrenta Puerto Rico. Quiéranlo o no los candidatos, todo planteamiento que hagan, sus trayectorias profesionales y el récord de sus respectivas colectividades se verán a través del prisma de la crisis. A continuación, algunos de los aspectos más importantes que se afectarán por esa realidad. 

1. La experiencia de los candidatos. Ante la crisis, el electorado espera líderes con experiencia gerencial o gubernamental. Esto claramente será una desventaja para Ricky Rosselló, quien, aunque su equipo pretenda vendernos sus credenciales académicas y científicas como prueba de su capacidad, realmente no ha tenido siquiera la experiencia de administrar un quiosco de limonada. En cambio, los demás candidatos de los partidos principales, tanto los declarados como los no declarados, tienen trayectorias ampliamente conocidas en el sector público y privado.

2. Hastío con los políticos tradicionales. Aunque aparentaría ser una contradicción con la declaración anterior, lo cierto es que el electorado siente gran desconfianza hacia los políticos tradicionales. La recesión económica, que ya alcanza su décimo año, ha provocado que todos los gobernadores hayan promovido medidas —en muchos casos antipáticas— que no han producido un giro real y sostenible en las tendencias negativas tanto del sector privado como del público. La desconfianza y el cinismo hacia los políticos de carrera es lo que produce la efervescencia que se percibe cuando surgen nombres como los de Alexandra Lúgaro, Manuel Cidre, José Vargas Vidot o hasta del mismo Ricky Rosselló. Todavía está por verse si el electorado mantendrá ese entusiasmo o si, por el contrario, es un fenómeno temporero. Los resultados de la encuesta de El Nuevo Día esta semana apuntan a que podría ser pasajero y, al menos en el caso de Ricky, se percibe claramente que comienza a desinflarse. 

3. Promesas de los candidatos. Las promesas de los candidatos también tendrán que ajustarse a la nueva realidad del país. La crisis está tan enraizada en la conciencia colectiva, y en la cobertura mediática diaria, que sería ilusorio pensar que un candidato podrá hacer grandes promesas de obras infraestructurales, reducciones contributivas y otras dádivas electorales, sin levantar la suspicacia del electorado. Este factor podría limitar en mayor grado a los candidatos del PPD, quienes por estar en el gobierno, se sentirán obligados a ser más responsables con la comunicación pública en medio de negociaciones con el Congreso y con grupos de acreedores. Prometer un nuevo tren o coliseo en este momento sería admitir que la crisis no es tan grave como se ha informado y desalentaría la voluntad de quienes interesen ayudarnos. Sin embargo, estoy convencido de que limitará también a cualquier candidato que pretenda presentarse como una alternativa seria al PPD. Los medios no les permitirán a los candidatos, en este ciclo electoral, que hagan compromisos irresponsables sin que expliquen la viabilidad de sus propuestas. Ya lo hemos visto con las ideas de Ricky para construir un tubo que traiga combustible de EE. UU. a la isla y para que se recorte el tamaño del gobierno en un 70 % sin despedir empleados públicos.

4. Récord de los partidos. Por último, los partidos tendrán que responder por su responsabilidad como artífices de la crisis. En el caso del PNP, se les hará cuesta arriba desvincularse. Existe un consenso amplio entre los economistas del patio que apunta a que la crisis dio inicio con la entrega de la sección 936. Posteriormente, se agravó con la construcción de obras faraónicas, el uso de préstamos para financiar gastos operacionales y la implantación atropellada y no planificada de la tarjeta de salud. Y, por supuesto, se dio la última estocada al acabar con la capacidad prestataria del país durante el gobierno de Fortuño. En este frente, el PNP tiene las de perder.