Columna de Armando Valdés: Sacrificio y consenso

Representantes de tres sectores ideológicos ofrecen sus puntos de vista sobre la compatibilidad de lidiar con la crisis fiscal y hacer política

Por Armando Valdés @armandovaldes

29 oct 2015, 11:00 pm 3 min de lectura

El tema de la semana ha sido el de las candidaturas, particularmente en el Partido Popular Democrático (PPD). Muchos han comenzado a cuestionarse si es posible, ante la magnitud de la crisis heredada que enfrenta esta administración, gobernar y hacer campaña a la misma vez. Sin duda, nadie cree que nuestros funcionarios electos deben en este momento dedicarse a caravanas y otras actividades proselitistas. Precisamente ha sido el gobernador Alejandro García Padilla quien ha mostrado ese desprendimiento patriótico, al poner a un lado por el momento la discusión de sus aspiraciones personales. Si solo hubieran más líderes dispuestos al sacrificio y al consenso con el opositor —en nuestro presente y en nuestra historia—, no estaríamos ante el abismo hoy. Y porque el consenso en este momento sigue siendo imprescindible, publico una vez más las palabras que siguen, a modo de recordatorio y de invitación al liderato de mi país, y muy en particular, al de mi partido.

El consenso político, ante la encrucijada fiscal y económica de Puerto Rico, es imprescindible. No se trata de una discusión acerca de si podemos poner a un lado las diferencias entre y dentro de los partidos gobernantes. Se trata de las consecuencias para el país si nos mostramos incapaces ante el reto que nos ha puesto la historia.

Como dijera el gobernador Alejandro García Padilla, Puerto Rico enfrenta una crisis que solo encuentra paralelos en la época previa al advenimiento al poder del Partido Popular Democrático bajo el mando de Luis Muñoz Marín. El país lleva en recesión desde el 2006. La eliminación de la sección 936 —cuyos verdugos se quejan cuando se les señala, como si el pasado no estuviera vinculado con el presente— nos dejó sin una herramienta para generar riqueza. Sin ese motor de crecimiento económico, comenzó la emigración, con la consiguiente reducción en el consumo, la producción y los recaudos del Estado. El electorado, acostumbrado a que se podía todo, respondía a las campañas —de ambos partidos— que prometían más y más, a pesar de que teníamos menos con qué pagar. Y ante la reducción en contribuciones, los gobiernos recurrieron al endeudamiento para cubrir el gasto ordinario de la operación gubernamental.

Esa deuda, que ya sobrepasa el 100 % del producto interno bruto, es impagable. Para pagarla, tendríamos que seguir aumentando contribuciones y reduciendo gastos en servicios esenciales, exacerbando así las mismas causas del problema —la emigración y el decrecimiento económico— en un espiral funesto que nos llevará eventualmente a cuadrar a cero el presupuesto público y la actividad privada.

Detener ese espiral requiere que podamos poner a un lado, por un número de años, el pago de la deuda. Acordar esa moratoria con nuestros acreedores será posible en la medida en que quienes nos prestaron sientan confianza en que el dinero que les habríamos pagado se usará para inversiones estratégicas importantes, que tomaremos las medidas para restablecer un crecimiento sostenido, y que de esa forma recuperaremos la capacidad de pagarles.   

De ahí la necesidad urgente de un consenso entre y dentro de los dos partidos principales. Puerto Rico es una democracia, donde, desde 1968, hemos logrado alternar pacíficamente el poder entre el PPD y el Partido Nuevo Progresista. Atender el problema económico y fiscal de Puerto Rico no será posible en solo año y medio ni incluso en dos cuatrienios. Requerirá una continuidad en cuanto a la política económica que solo se puede garantizar si ambos partidos llegan a un acuerdo patriótico por el futuro de nuestra gente. Esa continuidad, por mucho que cada partido quiera ser reelecto, solo puede asegurársele al país y a nuestros acreedores mediante el consenso. 

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