Columna de Rafael Lenín López: ¿Qué buscamos en Washington?

Puerto Rico, a través de sus oficiales electos, anda como el novio, que ya rayando en lo ridículo, no deja de perseguir a su ex para que se arrepienta, le…

Por Rafael Lenín López @LeninPR

21 oct 2015, 11:00 pm 5 min de lectura

Puerto Rico, a través de sus oficiales electos, anda como el novio, que ya rayando en lo ridículo, no deja de perseguir a su ex para que se arrepienta, le perdone por un error cometido, aunque pueda ser mutuo, y ella no encuentra otra forma de cómo decirle que no. 

Esta semana vemos otra ronda de visitas de funcionarios puertorriqueños a la capital federal. El gobernador, Eduardo Bhatia y Thomas Rivera Schatz, entre otros,  andan  por las calles de D. C.  Todos visitaron la Reserva federal.  Ya deben tener el easy pass allí. En el caso de Alejandro García Padilla, quien anunció su viaje después que se fue, La Fortaleza dijo que su estadía incluirá su comparecencia a la vista que el Senado de EE. UU. celebrará hoy sobre nuestro país.

Previo a la convención del Partido Popular, García Padilla realizó otro viaje  relámpago a la capital federal y mucho se rumoró que a su regreso les anunciaría a sus seguidores —como logro preelectoral— un rescate del tío Sam. No ocurrió. Tanto así que un diario washingtoniano publicó el rumor y el Tesoro de Estados Unidos lo desmintió. Una y otra vez, Estados Unidos nos ha negado un salvavidas.

Lo han hecho a través de la Judicatura, negando reconocer como legítima una ley local que les permita a las corporaciones públicas acogerse a una quiebra. Por la vía legislativa cuando el Congreso ha activado todos sus procesos parlamentarios para arrastrar los pies ante los proyectos que sobre Puerto Rico se presentan. Y a través del Ejecutivo con múltiples declaraciones de la Casa Blanca y el Tesoro.

Las tres ramas del Gobieno federal han dicho explícitamente: no, no y no. Entonces, ¿qué buscan nuestros oficiales electos y los no electos, pagados por nuestros taxes, por las calles de Washington?  No sé. Todo es un misterio.

Hoy sesiona de nuevo el Comité de Energía y Recursos Naturales del Senado para atender el asunto borinqueño. La vez pasada todo se redujo a una sesión informativa en la que la metrópoli dejó saber, una vez más, que sabe muy poco de una de sus posesiones en ultramar y, peor aún, que para ellos existe muy poca información que les ayude a entender el enredo financiero de la pequeña isla caribeña.
Puerto Rico gasta millones de dólares al año para que Washigton les haga caso a nuestros issues.

Sufragamos con demasiada frecuencia viajes con delegaciones enteras, mantenemos dos oficina permanentes allí (la congresional y la de PRFAA), contratamos cabilderos costosos y hasta los municipios tienen destacados allí asesores muy bien pagos.  Aun así, la respuesta que se escucha acá es “coquí, coquí”. Así ha sido bajo demócratas y republicanos.

Se ha dicho que hoy, en el Senado, alguna ayuda se anunciaría. El plan lo divulgará un asesor del director del Tesoro, tercero en mando en la agencia y exasesor de Wall Street. ¿Por qué no se anuncia desde el más alto nivel?  Bueno, ya Melba Acosta aguó la fiesta y dijo que no vendrá un rescate, sino “pronunciamientos importantes”.

Nuestra clase política no entiende, presumiblemente por la típica condición del colonizado, que Puerto Rico tendrá que salir de estas solo. Que aquí, más allá de cualquier ayuda en la que desemboquen todas las súplicas, ninguna será proporcional a la que Washington ha debido dar por su complicidad en la bancarrota a la que nos llevaron, con su conocimiento y apoyo, sus socios de Wall Street.  Y este no es un discurso separatista o comunista. Esa asociación entre el capital y la clase política estadounidense es cada vez más aceptada entre los estadounidenses, al punto que es eje central de la campaña de Bernie Sanders, el segundo en el Partido Demócrata en la carrera por la Casa Blanca.
Supongo que nuestros políticos aterrizan en el Reagan Airport, ven el obelisco, al fondo la cúpula capitolina y genuinamente sienten que llegan a hablar con nuestros socios y que estos hacen un esfuerzo inmenso por atender los problemas de “los buenos puertorriqueños”. De la misma forma que acá, gran parte de la población delira cuando ve a Hillary Clinton comiendo alcapurrias en Piñones o a Barack Obama en Kasalta, asumiendo que van a bregar por nosotros. Nada más lejos de la realidad.
Washington actúa en crisis políticas y en este momento Puerto Rico no lo es. La última amenaza política que fuimos para el establishment federal ocurrió con Vieques por la presencia de la Marina.  Así que, ante la ausencia de ello, vendrán soluciones cosméticas para evitar que siga la majadería boricua sobre ellos. Solo habrá respuestas contundentes si el asunto se convierte en una verdadera crisis para ellos o si acá atendemos nuestra falta de poder político ante Washington y el mundo.
Mientras tanto, nuestros políticos podrán declarar todo lo que quieran, como lo harán hoy en audiencias congresionales, cabildear y gastar millones, sin muchos resultados.

En otra época, no estoy seguro si todavía ocurre, los viajecitos a “nuestra” capital tenían como prioridad entre los políticos boricuas asistir a los más famosos burdeles y dar una que otra escapadita romántica con la excusa oficialista. Esto, de seguro aún se consigue en Washington, pero advierto, muchos de aquellos políticos están fuera del panorama, presos o muertos.     

Más allá de esas aventuras riesgosas de antaño, en Washington nuestros políticos  solo conseguirán realizar  expediciones irreales a lo Nicolas Cage en National Treasure.

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