Columna de Yolanda Rosaly: ¿Más grande el ego que su talento?

El conflicto entre los seres humanos es natural. La diversidad de personalidades, crianzas, creencias, opiniones, etcétera, provocan controversias que permean…

Por Yolanda Rosaly @YolandaRosaly

14 oct 2015, 11:00 pm 3 min de lectura
Columna de Yolanda Rosaly: ¿Más grande el ego que su talento?

El conflicto entre los seres humanos es natural. La diversidad de personalidades, crianzas, creencias, opiniones, etcétera, provocan controversias que permean el diario vivir de todos en todo lugar. Es parte de nuestras vidas diarias, con lo que debemos y tenemos que lidiar a cada instante. La distancia entre una existencia saludable o de constantes amarguras está, sin dudas, en la forma de controlar y manejar inteligentemente lo que entendemos es lo correcto.

¿De qué hablo? De lo que todos experimentamos a diario en nuestro entorno y recientemente hemos visto evidenciado, entre otros, en los llamados programas de chismes de las tardes en dos de los canales comerciales principales, Lo sé todo y Dando candela. Que si Sylvia Hernández salió por conflictos o supuestos celos por parte de Jessica Serrano o viceversa, o por desavenencias con Jacky Fontánez. Y más recientemente los alegados altercados entre Saudy Rivera, Byanka Sobá y Glerysbeth Pagán que supuestamente provocaron que esta última “saliera” del programa.

Previo a todo lo anterior, vimos cómo Roque Gallart (Rocky the Kid) “abandonó” el espacio de WAPA y no tuvo reparos en denunciar lo que, desde su punto de vista, provocó su salida y ocurría a diario en la producción. Dicho sea de paso y como todos conocen, esto le provocó una demanda por parte del canal.

Todos los antes mencionados son personas con gran talento y que se han ganado su espacio en los medios y el respeto de los televidentes. Eso no se cuestiona.

Dicho sea de paso, estos altercados y malos entendidos siempre han existido no tan solo en programas de televisión, sino en cualquier lugar de trabajo. Como dije, es naturaleza humana. Lo incorrecto y triste es no saber cómo manejarlos y que, por tratarse de un medio de comunicación, trascienda públicamente y se cree la impresión —a lo mejor equivocada— de que se es problemático, antipático, arrogante, etcétera. Al final, mis queridos animadores, periodistas, artistas: ustedes son los que salen perdiendo y mucho.

Así las cosas, mi mensaje va para todos en general, para quienes no han sabido controlar su ego, ese mal sentimiento que muchas veces es más grande que su talento, ese que corroe y empaña la mente y el corazón, provocando los peores resultados. Primero, es de seres humanos buenos el buscar y mantener la armonía siempre. Segundo, en estos momentos, los trabajos no abundan y responsablemente estamos llamados a ser más tolerantes que nunca. Insisto, es hora de que abran los ojos y entiendan que perder la perspectiva pone en peligro su permanencia, su trabajo, su futuro y la oportunidad de ganarse el pan en lo que estoy segura es lo que más les gusta hacer. ¿He dicho nombre yo?

No puedo concluir sin mencionar que no les vendría mal echar un vistazo atrás, a aquellos equipos de trabajo de nuestra televisión de antes, en los que la armonía era la columna vertebral y les permitía mantenerse en el aire por años y hasta décadas. ¿Los recuerdan? Necesitaría varias páginas para desglosar la lista de esas producciones de Paquito Cordero, Tommy Muñiz, Luis Vigoreaux (padre e hijo), Ángela Meyer y Camille Carrión, entre otros.

Tenemos mucho que reflexionar y que aprender. Tomemos nota.

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