Columna de Armando Valdés: Inexcusable

En Washington son locos con las excusas. Para muestra, con un botón basta. Esta semana, el Grand Old Party usaba un video, altamente manipulado y editado para…

Por Armando Valdés @armandovaldes

1 oct 2015, 11:00 pm 3 min de lectura
Columna de Armando Valdés: Inexcusable

En Washington son locos con las excusas. Para muestra, con un botón basta. Esta semana, el Grand Old Party usaba un video, altamente manipulado y editado para efecto, como excusa para restarles fondos a Planned Parenthood y para encausar su plan apocalíptico de cerrar todo el aparato público del Gobierno federal. Ahora bien, donde más evidente se hace su gusto por las excusas es en cuanto a cualquier tema relacionado con Puerto Rico.

Dijeron los miembros del Comité de Finanzas del Senado, quienes por 25 años habían ignorado la mera existencia de Puerto Rico, que no podían actuar porque no tenían toda la información financiera del Gobierno. Excusa barata considerando que el reclamo principal de Puerto Rico es que se nos dé acceso al Capítulo 9 de la Ley de Quiebras, acceso que tienen todos los estados y que no tenemos nosotros por una inexcusable e inexplicable decisión del Congreso en 1984.

A Detroit no se le pidió ni un ápice de data económica para concederle el derecho a radicar quiebra; ese derecho ya lo tenían. En cambio, a Puerto Rico no se le reconoce el derecho a legislar nuestra propia ley de quiebras para darle orden al proceso de reestructuración de deudas ni tampoco acceso a la ley federal. Inexcusablemente, abandonados en un limbo del cual no podemos salir solos resulta insultante que un grupúsculo de senadores norteamericanos pretendan entonces responsabilizarnos a nosotros por lo que un tribunal apelativo federal reconoció fue una decisión errada y sin base racional del propio Congreso al que ellos pertenecen.

Igual de inexcusable es que los medios de este país se arrodillen ante la lógica circular y viciosa de estos señores y hagan eco de sus palabras. ¿Es que nuestra autoestima nacional está tan lacerada que nos creemos cualquier cosa que salga de la boca de un americano? ¿Por qué no cuestionarnos la repentina preocupación de dos comités senatoriales distintos por la economía de nuestro país? ¿No será que los fondos buitre, que quieren que se les pague hasta el último centavo, sin importar las consecuencias para nuestra economía, han intervenido para provocar su interés?

Se quejan también, inexcusablemente, de que el gobernador no fuera a rendirles pleitesías. ¿Y si hubiera ido, no habrían venido con la misma excusa? ¿O es que no vemos el patrón de indiferencia de un Congreso que aún para sus propios asuntos ha resultado ineficiente?

Inexcusable también es la desidia de la Administración Obama y del Partido Demócrata. Recordemos, por un momento, el informe del Grupo de Trabajo de Casa Blanca de marzo de 2011. Prometía ayuda para la creación de empleos, la extensión a Puerto Rico del crédito por dependientes menores de edad, la limpieza de Vieques, la ampliación del uso de energía renovable y hasta la paridad en Medicaid. Más allá de que ninguna de esas promesas se ha materializado, inexcusablemente el Departamento del Tesoro se ha limitado a un rol de observador mientras la economía y las finanzas puertorriqueñas se van por el barranco.

E igual de inexcusable es la excusa histórica del legislador estadounidense para justificar su inacción ante el debate sobre el estatus político de Puerto Rico. Aún cuando todos los sectores aquí estamos de acuerdo en que el pueblo debe ostentar mayores poderes sobre su destino, sea mediante el desarrollo pleno del ELA, la anexión, la independencia o la libre asociación, han rehusado su deber de decirnos con claridad qué están dispuestos a negociar con nosotros. Y así han mantenido viva, inexcusablemente, esa quimera estadista que ciega a gran parte de nuestro población, y que impide que nos pongamos de acuerdo sobre lo posible, para encarar juntos, y con nuestros propios esfuerzos, el futuro.

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