Columna de Armando Valdés: Diez años...
De recesión
Por Armando Valdés @armandovaldes
De recesión
La recesión que enfrenta Puerto Rico en la actualidad comienza a echar raíces a mediados de los noventa. Bajo la teoría del PNP de que los beneficios a las operaciones manufactureras estadounidenses radicadas en la isla eran “mantengo corporativo”, el Congreso derogó la sección 936. Su eliminación gradual concluyó en 2006, primer año del ciclo de decrecimiento que todavía nos golpea.
El impacto fue devastador. En 2009, el empleo industrial cayó a 91,600, la primera vez desde 1963 que Puerto Rico tiene menos de 100,000 empleos en este sector. Más aún, entre 1995 —año en que comenzó el phase-out e, irónicamente, cuando se logró el nivel más alto de empleo manufacturero— a 2012 se perdieron más de 76,000 trabajos en múltiples fábricas alrededor de toda la isla, una reducción de 48.1 %.
Por otro lado, como las empresas 936 tenían que mantener sus ganancias en bancos locales, su salida produjo una fuga de capital que hizo desaparecer cerca de $17 mil millones en depósitos, dinero que se prestaba a tasas bajas para inversión y construcción.
Sin fuentes de capital, y sin una importante herramienta de creación de empleos y riquezas, gobiernos subsiguientes no fueron capaces de responder a una nueva realidad. La inversión privada se sustituyó por la pública como principal motor económico, y para ello se tomó prestado en exceso.
De ajuste fiscal
Este ciclo insostenible de recesión y endeudamiento se hizo evidente en 2005. Desde entonces, todos los gobierno han intentando cuadrar las finanzas públicas con una combinación de recortes en el gasto y aumentos en los recaudos. Se han aumentado los peajes, el agua, la matrícula de la UPR y los impuestos sobre la gasolina, los vehículos, las bebidas alcohólicas y los cigarrillos. Se impusieron nuevos tributos como el IVU, la patente nacional, y contribuciones a las empresas foráneas y a las tiendas estadounidenses. Los empleados públicos también han puesto de su parte con las reformas a los sistemas de retiro y el despido de unos 30,000.
El resultado de todas estas políticas no ha sido alentador. Desde 2005, la deuda pública casi se ha duplicado. Los nuevos impuestos han detenido el crecimiento económico y han ahuyentado a muchos trabajadores quienes han optado por relocalizarse a la Florida. Y los recortes le han restado capital a una economía que depende en gran medida del gasto del sector público.
De emigración
La emigración en particular presenta retos inmensos para el país. En 2005, la población de Puerto Rico se situaba en unos 3.82 millones. En el 2014 ya había bajado a 3.55 millones, una reducción de casi 300,000 habitantes. El negociado federal del Censo estima que para el 2025 habremos perdido otros 300,000 residentes y que para el 2050 llegaremos a 2.3 millones, el mismo nivel que en la década de 1950.
Esta posibilidad nos inserta en un ciclo vicioso. Menos contribuyentes obligaría al gobierno a aumentar los impuestos para los que resten, de tal forma que pueda seguir cubriendo los pagos de deuda. Pero más impuestos a su vez ejercen mayor presión sobre la demografía del país. Cogimos prestado pensando que seríamos cuatros millones haciendo los pagos, y ahora apenas llegamos a tres y medio.
¿El problema?
El problema verdadero no es el gasto público ni el nivel de las contribuciones. Si bien el Plan de Recuperación Fiscal y Económica propone una seria de medidas necesarias para optimizar el uso de los recursos públicos, la realidad es que sin que los bonistas también asuman algunos sacrificios no lograremos romper con este ciclo. El problema radica en que la deuda es una carga imponente que detiene el crecimiento económico. Todos los sectores en Puerto Rico llevamos 10 años poniendo de nuestra parte. No hay mucho más que podamos hacer solos. Ahora les toca a nuestros acreedores.


