Columna de Rafael Lenín López: El vacilón de Trump
¿Se ha paseado usted en estos días por las grandes cadenas de noticias de Estados Unidos? Sintonizarlas por solo unos minutos es suficiente como para abrumarse…
Por Rafael Lenín López @LeninPR
¿Se ha paseado usted en estos días por las grandes cadenas de noticias de Estados Unidos? Sintonizarlas por solo unos minutos es suficiente como para abrumarse con la discusión de lo que dijo y dejó de decir Donald Trump.
Para los que se quejan de la cobertura mediática sobre el proceso electoral en Puerto Rico, deben tener la experiencia de observar aquel debate.
Sin lugar a dudas, Trump se ha convertido en el personaje más taquillero de la prensa norteamericana, y su equipo de campaña lo sabe. Y es que las posturas extremistas siempre son las que más llaman la atención y las que provocan las reaccionas más airadas. Eso produce espacio en los medios, en todos lados.
Lo que alarma es que Trump se posiciona como un candidato con posibilidades reales para llegar a la Casa Blanca, aunque es de esperarse que su popularidad entre los electores de la derecha vaya disminuyendo a medida que se acerquen las elecciones y el asunto adquiera mayor seriedad.
El que Trump esté adelante en las encuestas deja mucho que pensar sobre la mentalidad de un sector amplio de la población estadounidense con respecto a issues tan delicados como el de los inmigrantes, siendo irónicamente en un país formado por estos.
El riesgo que nos corremos en Puerto Rico con aquel debate es que el vacilón de Trump y sus colegas candidatos presidenciales se acerca peligrosamente a nuestras costas.
Ya vino a Puerto Rico el candidato demócrata Martin O’Malley y mañana vendrán otros dos: Hillary Clinton y el republicano Marco Rubio.
El desfile de aspirantes a la presidencia de Estados Unidos por Puerto Rico no es cosa nueva. Tampoco lo es la presencia aquí de pequeños capítulos de los partidos nacionales, como les gusta decir a muchos.
Recordarán ustedes aquel famoso debate entre Carlos Romero Barceló y Miguel Hernández Agosto en un programa de Luis Francisco Ojeda en WAPA TV. Aquel careo se dio precisamente en medio de una primaria por la dirección del Partido Demócrata de EE. UU. en Puerto Rico. Hasta aquel entonces, 1988, las facciones entre republicanos y demócratas se dividían de manera natural entre novoprogresistas y populares, respectivamente, pero el PNP reclamó en ese momento más espacio en el partido del burro.
Claro, se trata de una representación artificial. Aquí no votamos por la presidencia de Estados Unidos, no existe una masa de simpatizantes con aquellos partidos y los votos de los delegados boricuas ante las convenciones donde se escogen a los candidatos a la Casa Blanca nunca han sido decisivos.
Así que estas visitas tienen el propósito principal de levantar fondos para las campañas, aunque planteen “preocupaciones genuinas” por la situación de la Isla del Encanto. Debo admitir que siempre me han resultado misteriosas las motivaciones de algunos empresarios puertorriqueños de aportar a esas campañas. Más allá del colonialismo impregnado en muchos de ellos y del afán por lograr la foto con la que adornarán su oficina, el quid pro quo al que aspiran algunos adinerados y que sabemos que ocurre en los escenarios locales a ese nivel es potencialmente mínimo porque la competencia es mayor.
Para el pasado ciclo electoral vinieron Obama y los Clinton, entre tantos otros. Entrevisté en dos ocasiones a Hillary. Todos presentaron un catálogo interminable de promesas y en corto tiempo se ha demostrado cuán serias eran.
Obama le prometió a Puerto Rico que resolvería la situación del estatus en su primer cuatrienio. Estamos terminando su séptimo año de mandato y apenas tenemos una pequeña asignación presupuestaria para un plebiscito federal que le ha supuesto una trampa a los partidos locales, particularmente al PPD. En el tema fiscal, la Casa Blanca ha rechazado rescatar a Puerto Rico. En cuanto a la salud pública, tema que abordará mañana Clinton en el Centro Cardiovascular, Obama tampoco ha acogido los reclamos de paridad en los fondos federales para evitar el colapso de nuestro sistema estatal.
Así que estas visitas nada producen más allá de un entretenimiento momentáneo con el motorcade del Servicio Secreto recorriendo nuestras calles y los candidatos buscando nuestra simpatía comiendo bacalaítos y masticando el español.
Todo termina en un triste vacilón para Puerto Rico. Y para ese vacilón o el de Trump, prefiero el de Kanye West.


