Columna de Armando Valdés: Primarias abiertas

Los partidos políticos son instituciones privadas que aspiran a una función pública: la de gobernar. Es por el elemento privado que en distintos momentos de…

Por Armando Valdés @armandovaldes

27 ago 2015, 11:00 pm 3 min de lectura

Los partidos políticos son instituciones privadas que aspiran a una función pública: la de gobernar. Es por el elemento privado que en distintos momentos de nuestra historia se han oído propuestas para retirarles el apoyo financiero público, tanto a sus gastos de operación como a los de la cuatrienal campaña electoral. En esta ocasión, la discusión gira en torno a si deben costear sus propios procesos primaristas.

A primera vista, aparentaría tener todo el sentido del mundo. El resultado de este proceso no es el acceso al poder, sino que meramente se logra el derecho a aparecer en la papeleta bajo la insignia de un partido. Sin embargo, en un país donde el poder se intercambia entre solo dos colectividades y donde más del 90 % de los electores votan de forma íntegra bajo la palma o la pava, el acceso a esos codiciados y limitados espacios, bajo una o la otra, es un asunto revestido del mayor interés público.

También es cierto que el país enfrenta una crisis fiscal sin precedentes en su historia moderna. Por tanto, toda instrumentalidad, incluida la Comisión Estatal de Elecciones, está obligada a hacer más con menos. La resistencia legislativa a asignarles fondos a las primarias ya ha rendido algún grado de eficiencia. De un estimado inicial de $15 millones, la Comisión redujo el costo proyectado del proceso a $10 millones. Sin duda, ese número podrá afinarse más y a los partidos se les podría exigir que aporten alguna cantidad para costear parte del proceso.

Ahora bien, dejar en manos exclusivamente de los partidos el financiamiento del proceso sería un retroceso para nuestra democracia. De por sí, la Comisión es una entidad controlada por las tres agrupaciones políticas tradicionales del país. Si además sufragasen en su totalidad las primarias, sería de esperarse que para reducir sus propios gastos buscasen la forma de minimizar las contiendas internas, dándole mayor control a la institucionalidad partidista y privilegiando a los incumbentes. 

Si bien he argumentado previamente en este rotativo que los partidos son parte esencial de un sistema representativo, también he planteado que abrir el sistema a mayor participación ciudadana es necesario para romper con el ciclo fratricida del bipartidismo. Dadas las realidades electorales de Puerto Rico, eso solo se logrará en la medida en que personas de diversos trasfondos puedan acceder a candidaturas dentro de las estructuras políticas existentes. Ninguno de los partidos emergentes ha logrado captar la imaginación del público, y las candidaturas independientes, por mucho ruido que puedan hacer, no son parte de nuestra tradición democrática. 

Es por ello que, cuando oigo hablar de las posibles aspiraciones de personas como el Dr. Vargas Vidot, albergo la esperanza de que él y otros ciudadanos con tanto que aportar opten por correr dentro del PNP o del PPD. La matemática electoral de los escaños por acumulación y la división arbitraria de la población en distritos geográficos no permiten que candidatos independientes accedan a la Legislatura de otra forma. Y aunque optasen por aspirar bajo la insignia del anexionismo, creo que su aportación al país sería de tal calibre que ameritaría aplaudirlos aún si fueran contrincantes políticos. 

Para que eso pueda ser una realidad, el proceso de primarias, donde se decide tanto sobre la calidad de las personas que figurarán en las papeletas legislativas y municipales, debe ser uno abierto. Solo así lograremos que desde las entrañas de los partidos se inyecten nuevas ideas y vigor a nuestro sistema, que eventualmente permitan cambios institucionales profundos.