Columna de Rafael Lenín López: Baterías recargadas
Atrás quedó el verano, y tal como ocurre después de las Navidades en Puerto Rico, el país despierta en estos días de un letargo inducido por la mala costumbre…
Por Rafael Lenín López @LeninPR
Atrás quedó el verano, y tal como ocurre después de las Navidades en Puerto Rico, el país despierta en estos días de un letargo inducido por la mala costumbre nacional de no meterles mano a los problemas cuando hay que hacerlo. Estamos acostumbrados a posponerlos y al “bregamos con eso después”.
Se acabaron los viajes familiares, los campamentos de verano, el tiempo de ocio, las visitas a las playas que siempre están disponibles en nuestro país tropical y las vacaciones de nuestros políticos, aun cuando proclaman “tiempos de crisis”.
Comienza en el hogar el ajetreo mañanero; reanuda el tapón en nuestros “expresos”, que cada vez es peor a pesar del cacareado éxodo de puertorriqueños; y nuestros políticos regresan de sus vacaciones con rostros muy descansados a contestar las preguntas que por semanas los periodistas hemos hecho al vacío. De hecho, durante las pasadas semanas lo que hemos visto es una especie de monólogo desde la prensa sobre nuestros principales problemas, pues era muy poco el debate que se podía estimular, ya que todo el mundo se encontraba “recargando baterías”.
Ese malestar típico de un trabajador cuando regresa de vacaciones y se da cuenta que nada ha cambiado puede muy bien dramatizarse con el encontronazo del secretario de Educación con sus ayudantes el lunes pasado. Rafael Román se dio cuenta de que muchas cosas siguen igual y que sus “burócratas de confianza” le mienten. Eso lo sabemos todos. Los ayudantes le mienten a los políticos con frecuencia con tal de quedar bien y ocultar sus fracasos. Pocas veces este problema ha quedado retratado como ocurrió a principios de esta semana. Ahí el porqué de gran parte de la enajenación que exhiben con frecuencia los políticos que creen que pueden dedicarse al “macro”, como debe ser, mientras abajo destrozan sus intenciones. Sin embargo, en este caso tardó dos días el secretario Román en decirle al país que los errores tienen consecuencias. Rodó una cabeza que nadie sabía que existía. La de una contratista con un nombre rimbombante sobre la cual ahora el Departamento de Educación no ofrece muchos detalles y que temo que expondría el grave problema de dualidad de funciones en el Gobierno que nos hace perder mucho dinero de nuestras contribuciones.
Alarmado también quedé ayer cuando escuché al presidente del Senado, Eduardo Bhatia, decir que, después de varias semanas, se reunieron el martes con el gobernador para —Ejecutivo y Legislativo— “ponerse al día” sobre los planes a ejecutarse ante la situación fiscal. ¿Para ponerse al día? ¿Acaso no llevamos semanas debatiendo con el más mínimo detalle todo lo relacionado con la deuda pública, los impagos, etc.? Claro, ya vemos que esa discusión pública era un monólogo de un sector del país mientras el otro “recargaba baterías”.
Ya van casi siete semanas desde que el gobernador anunció que la deuda pública de Puerto Rico es impagable. Ya se produjo el primer incumplimiento con un grupo de acreedores, aunque hay un debate bobo sobre el léxico a utilizar al momento de hablar de esa transacción no realizada. Todo es expectativa ante lo que producirá en las próximas semanas el comité gubernamental que elabora un plan fiscal que se pretende tenga una trascendencia más allá del ciclo electoral. Sin embargo, esa posibilidad se ha esfumado ante el retiro de la mesa de trabajo de los principales partidos de oposición que están inscritos. Y es que el cosquilleo electoral que en estos momentos les da a muchos ante la cercanía del 2016 ha evitado, y me temo que evitará, un trabajo serio como el que se amerita en estos momentos.
Y ese cosquilleo los contagia a todos. Ya vimos cómo, desde el mismo Partido Popular, el liderato legislativo ha dicho que no está comprometido con lo que surga del comité fiscal, aun cuando tienen una silla ahí y la han ocupado enviando a sus representantes a las sesiones de trabajo. Si bien es cierto que lo que diga un presidente legislativo no puede comprometer al cuerpo que dirige, la participación en la elaboración del plan que, en muchos aspectos tendrá que pasar el crisol legislativo, ha dado la impresión de que lo que se propondrá gozará de cierto consenso en el partido oficialista, distinto de errores estratégicos pasados como el que ocurrió con el IVA.
El lunes comienza la segunda sesión legislativa del año. El tema fiscal, sin lugar a dudas, predominará el debate y habrá poco espacio para otros temas. Bhatia nos “amenaza” de nuevo con su proyecto de reforma educativa, pero me temo que un asomo para la privatización de las escuelas generará demasiada controversia como para que prospere su medida en la antesala del año electoral. Triste, porque si hay un asunto que tiene que moverse en el país es el de la educación, pero sin tener encima el fervor electoral.
Y aunque no soy fanático de quienes invocan frecuentemente “la coyuntura histórica en la que vivimos”, porque para esos siempre habrá una excusa para hacer unas cosas y descartar otras, a la carga vamos todos, unos más descansados que otros, con o sin baterías recargadas, a un semestre crucial.
Lo que no pase ahora en términos del gobierno será tarea para el que juramente el 2 de enero de 2017. Ya sabemos lo que pasa en año electoral.


