Columna de Padre Orlando Lugo: La iglesia sí puede hablar de política pública

El fastidioso cliché que afirma que la Iglesia no puede hablar en asuntos públicos es absolutamente erróneo, equivocado y peligroso. Este embuste ideológico…

Por Padre Orlando Lugo Pérez @PadreOLugo

23 jul 2015, 11:00 pm 2 min de lectura
Columna de Padre Orlando Lugo: La iglesia sí puede hablar de política pública

El fastidioso cliché que afirma que la Iglesia no puede hablar en asuntos públicos es absolutamente erróneo, equivocado y peligroso. Este embuste ideológico nace de conciencias a las que les molesta escuchar debates de altura y con coherencia intelectual. Para colmo, son apoyados por algunos poderes políticos y mediáticos empecinados en mantener un cierto dominio de la conciencia colectiva, a menudo, adormecida. Un pueblo mal educado es un pueblo manipulable.

Observamos cómo el ara civilista recalcitrante volvió a encresparse cuando la Iglesia católica, por boca del Arzobispo de San Juan, Roberto O. González Nieves, se unió a las innumerables voces de la sociedad que solicitan al gobierno de los EE. UU. que permita al gobierno de Puerto Rico acogerse a la llamada “quiebra criolla”, ya que su estatus actual la coloca en cierta desventaja para atajar ese asunto con la premura y seriedad que requiere.

En la crisis económica, los poderosos de turno no son los que más sufren, sino el pueblo: los niños, las familias, los jóvenes profesionales, los viejitos…  “Cerca del 80 % de los niños de Puerto Rico viven en áreas de elevada pobreza, frente al 11 % de media de EE. UU. […], la pobreza afecta al 44 % de la población. La deuda está trayendo muerte y sufrimiento para nuestro pueblo”, afirmó el jerarca católico la semana pasada en una columna publicada en la revista Times. ¿Quién puede refutar este innegable dato sociológico?

La separación entre la Iglesia y el Estado afirma la autonomía y la correlación en el trabajo social de ambas instituciones en beneficio de la persona humana. Además debe fomentar el respeto y la libertad para que cada una se gobierne a sí misma sin intromisiones internas indebidas. Pero en los asuntos públicos, no partidistas, la Iglesia tiene el derecho de exigir al Estado que atienda las necesidades, sobre todo, de los más pobres y vulnerables. Así lo pidió el Papa Francisco en su más reciente encuentro en Roma con los obispos boricuas: “Es necesario consolidar cada vez más la pastoral familiar, ante los graves problemas sociales que la aquejan: la difícil situación económica, la emigración, la violencia doméstica, la desocupación, el narcotráfico, la corrupción…”. Si les molesta tanto que el Arzobispo hable, ¿no será porque la conciencia les arde? La verdad sea dicha.