Columna de Armando Valdés: Rescatando la historia

El 25 de julio de 1978, en un discurso que sería mayormente olvidado ante los trágicos eventos de ese día, el gobernador de Puerto Rico celebraba en Bayamón la…

Por Armando Valdés @armandovaldes

23 jul 2015, 11:00 pm 3 min de lectura
Columna de Armando Valdés: Rescatando la historia

El 25 de julio de 1978, en un discurso que sería mayormente olvidado ante los trágicos eventos de ese día, el gobernador de Puerto Rico celebraba en Bayamón la efeméride de nuestra constitución. Dijo que el Estado Libre Asociado era un “estatus que nos ha servido bien, como vehículo de transición, mientras nuestro pueblo iba sobreponiéndose a problemas sociales y económicos”. Elogió los logros alcanzados por el país en el “proceso de democratización”, y abogó para que se fortalecieran “los lazos de unión permanente”. Se expresó puertorriqueño y ciudadano americano orgulloso, deseoso de proteger nuestra identidad e idioma.

Esas palabras no las pronunció un mandatario popular, son de Carlos Romero Barceló. Aunque, por supuesto, también abogó por la estadidad, rememoro su alocución porque denota el cambio en el discurso político que se ha dado en esas cuatro décadas. Hoy, sería inconcebible que un gobierno anexionista celebrase el 25 de julio. Incluso, algunos miembros del Partido Popular Democrático minimizan los logros alcanzados por Puerto Rico gracias a la autonomía que nos provee el ELA.

Lamentablemente, viendo que no lograban convencer a una mayoría de las bondades de la anexión, la estrategia del Partido Nuevo Progresista cambió. No solo se dejó de celebrar el ELA, sino que además tenían que negar que hubiera sido una herramienta para el mejoramiento socioeconómico. La historia misma había que revisarla y al pueblo había que borrarle su memoria colectiva de la miseria sufrida aquí previo al 1952, y del gran despunte de actividad creativa, económica e industrial producto de una apuesta a la gestión del puertorriqueño a partir de la aprobación de nuestra constitución.

La retórica fue acompañada de una agenda destructora. Concluyeron los líderes anexionistas que, mientras el modelo funcionara, no lograrían su cometido. Comenzaron a socavar las bases del ELA, procurando la eliminación de la sección 936. No perdieron, ni pierden hoy, oportunidad para llamarnos colonia.

En la mayoría de las democracias modernas, juran los políticos defender la constitución y el sistema que sostiene. Aquí, en cambio, el juramento de un político PNP se queda en palabras, pues al instante ponen en marcha un esquema que busca adelantar su ideología a costas del bienestar del pueblo.

Su agenda funcionó. Las dificultades económicas actuales tienen su raíz en las acciones del gobierno de Pedro Rosselló. Una economía estancada por ya cerca de diez años no es producto de un modelo probado; es producto de la destrucción, a sabiendas, de ese modelo.

El ELA no es perfecto. Debe mejorar para atender temas como: una exención a la aplicación de las leyes de cabotaje y la capacidad para legislar sobre temas como la quiebra. Y he dicho antes, en este espacio, que le veo bondades a todas las alternativas, aunque también sus defectos. Pero hasta que logremos un consenso aquí, y los americanos uno allá, el ELA es la única fórmula que conjuga las aspiraciones encontradas de un pueblo que defiende su identidad y su ciudadanía estadounidense.

Desprestigiar ese logro de toda una generación, no le hace bien a nadie, menos a quienes abogan por la soberanía o la independencia, atacando el único muro de contención contra la anexión que tenemos hoy. La historia de un pueblo no debe borrarse para progresar, debe entenderse y apreciarse.