Columna de Armando Valdés: Agenda transformativa
Columna de Alejandro Figueroa: Mucho ruido y pocas nueces
Por Armando Valdés @armandovaldes
Desde que Lisa Donahue fue designada oficial de reestructuración de la Autoridad de Energía Eléctrica el año pasado, he escrito varias columnas en este rotativo sobre su gestión. Auguré, cuando fue nombrada, que en la medida en que fuera exitosa en estabilizar el costo de la luz a largo plazo, la gente aceptaría los costos envueltos.
Aunque todavía falta algún tiempo para que veamos el resultado final, lo cierto es que Donahue ha dirigido con aplomo un proceso complicado y ha logrado que partes interesadas –internas y externas–acepten propuestas para implantar cambios profundos que hace solo unos años habrían sido consideradas políticamente tóxicas. Por su rol protagónico, la extensión de su contrato es necesario para la culminación de esta importante reforma.
A continuación, repaso algunos pensamientos de mis escritos anteriores que apuntan a elementos de esa agenda transformativa que todavía deben atenderse.
Vida o muerte, 12 de septiembre de 2014:
“[R]equerirá que la Autoridad enfrente serios retos a su hegemonía y a su cultura institucional: vender o inutilizar plantas ineficientes, renegociar convenios colectivos, permitir la entrada de otros generadores privados, fomentar la competencia y culminar la inserción de proyectos de energía renovable. Todo esto junto a una muy necesaria reestructuración de la deuda que comience a reducir el principal.”
Por acabarse el secuestro, 5 de junio de 2015:
“Todos los sectores tienen que ceder en algo. Si el cambio no es equitativo –si la carga no es compartida– nos abocamos al fracaso. Pretender mantener los privilegios tanto de empleados como de bonistas ante la posibilidad de un impago es una estrategia contraproducente: si la Autoridad no puede continuar vendiendo energía, no solo se afecta el servicio al ciudadano, sino que además se le hace imposible pagar la deuda y los salarios”.
Esclavos, 19 de junio de 2015:
“De no ser por el proceso iniciado por el Gobierno junto a la oficial de reestructuración, Lisa Donahue, la insolvencia habría provocado graves consecuencias. Esa condición de insolvencia –fracaso que venía cuajándose desde hace varias décadas– nos haría esclavos de apagones y aumentos desmedidos en las tarifas. La corporación tampoco tendría los recursos para modernizar sus plantas y reducir costos a largo plazo, perpetuando así nuestra condición de sumisión. En cambio, un proceso ordenado le permite a la Autoridad, y a otras corporaciones, reestructurar sus deudas, liberando así recursos que se podrán dedicar a modernizar la infraestructura, estabilizar la tarifa y romper las cadenas de la servidumbre”.


