Columna de Padre Orlando Lugo: Política - Ética = Espagueti

La nueva evangelización que el papa Francisco ha pedido en su viaje por Latinoamérica es la que lanza propuestas “que reconozcan al otro, (la) de sanar…

Por Padre Orlando Lugo Pérez @PadreOLugo

9 jul 2015, 11:00 pm 2 min de lectura
Columna de Padre Orlando Lugo: Política - Ética = Espagueti

La nueva evangelización que el papa Francisco ha pedido en su viaje por Latinoamérica es la que lanza propuestas “que reconozcan al otro, (la) de sanar heridas, construir puentes, (la) de estrechar lazos y (la) de ayudarnos mutuamente a llevar las cargas”. Es una acción misionera abierta a todos con el fin de liberarlos del pecado “de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento, y de la conciencia aislada”. Pero, para realizarla, hace falta expulsar las conciencias sometidas a las “conveniencias circunstanciales de los poderosos de turno” (EG, 213).

En Puerto Rico sufrimos las atroces consecuencias de algunos gobernantes cuyas conciencias están sometidas a las conveniencias de las circunstancias del momento. El bien común y la ética en el ejercicio de la gobernanza están prácticamente ausentes y han sido sustituidos por la promoción de agendas ideológicas con apariencias de progreso. Cuando se vive sin ética, se pone en riesgo la estabilidad emocional, política y cultural de nuestro pueblo. “¿Qué tipo de cultura queremos o pretendemos para nuestros hijos y nietos? ¿Qué orientación, qué sentido queremos imprimirle a la existencia?”, preguntó el papa Francisco a diversos representantes del mundo de la enseñanza en la Pontificia Universidad Católica de Ecuador, el pasado 7 de julio.

Las virtudes informan la conciencia moral, y la moral colabora en la creación de un sistema de leyes ordenado y verdaderamente justo. Si la ética y el derecho se consideran como dos sistemas de regulación autónomos entre sí y sin ningún tipo de conexión, implicaría la aceptación implícita de un pluralismo radical. Esto sería la base de una política pública relativista. El relativismo no ayuda a nadie, ni a conservadores ni a los “open mind”.

Con esta peligrosa filosofía política todo sería lo mismo; el matrimonio sería cualquier cosa, los conceptos religiosos serían cualquier cosa, la familia sería cualquier cosa y los políticos también serían cualquier cosa. Ahora ya nada vendría definido por naturaleza, sino que lo definiría el poderoso de turno según su sometida conciencia. Por eso nadie se sorprenda que el Secretario de Estado, David Bernier, haya reconocido jurídicamente a los monstruos del espagueti. Si se permite que satiricen la fe, se ha perdido el respeto a esa dimensión humana que tanto bien ha aportado a la cultura y a la sociedad. Una política sin ética provoca pensamientos de espaguetis.