Columna de Rafael Lenín López: Hasta los techos se caen
Estuve de vacaciones fuera del país genuinamente desconectado y uno siempre trata de realizar dos ejercicios al reincorporarse. Primero, ver cómo las cosas han…
Por Rafael Lenín López @LeninPR
Estuve de vacaciones fuera del país genuinamente desconectado y uno siempre trata de realizar dos ejercicios al reincorporarse. Primero, ver cómo las cosas han evolucionado recordando los temas dejados en el tintero. Segundo, uno trata de pretender ser un extraterrestre y ver las cosas sin los prejuicios dejados porque uno llega con la impresión, quizás cierta sobre todo al visitar países industrializados, de que todo allá afuera es distinto y corre a las mil maravillas.
Ambos ejercicios terminaron causando frustración y desesperanza. Y me refiero al manejo de nuestros oficiales electos a los problemas del país.
Retomé al país con una sequía cuya única esperanza sigue estando en la naturaleza y no hay noticias de un dragado profundo que resuelva a largo plazo el problema de sedimentación en los embalses.
Regreso y percibo una gran desorganización en la Asamblea Legislativa al momento de atender la situación fiscal. Numerosos proyectos se han planteado y sus complejidades no parecen ser comprendidas ni por los legisladores. Para completar el panorama, ha renunciado David Chafey, uno de los rostros más utilizados por la presente administración para proyectar confiabilidad cada vez que atienden públicamente el tema del fisco.
En otro campo espinoso, en la Autoridad de Energía Eléctrica todo sigue sombrío y cuatro de sus directivos han renunciado. Una privatización está a la vista y nada parece garantizar que las tarifas bajarán, lo que se supone sea la meta de todo este debate.
El más que centenario issue del estatus político se ha asomado esta semana en dos escenarios, la ONU y un comité congresional, pero a nadie parece importarle.
Mientras tanto, la falta de transparencia en la información pública sigue siendo un problema en el Gobierno. Lo estamos experimentando en la Policía de Puerto Rico y desde La Fortaleza el trato a los periodistas no es el adecuado.
Uno espera llegar y que el país se haya movido aunque sea un centímetro, esperando no tener el deseo de regresar a tierras lejanas. Pero no, hasta los techos se caen.


