Columna de Armando Valdés: Por acabarse el secuestro

Para evaluar de forma justa la propuesta de la oficial de reestructuración de la Autoridad de Energía Eléctrica, Lisa Donahue, debemos primero entender la…

Por Armando Valdés @armandovaldes

4 jun 2015, 11:00 pm 2 min de lectura
Columna de Armando Valdés: Por acabarse el secuestro

Para evaluar de forma justa la propuesta de la oficial de reestructuración de la Autoridad de Energía Eléctrica, Lisa Donahue, debemos primero entender la situación de la corporación. La Autoridad está plagada de problemas externos e internos. Estos no se limitan al tema financiero, sino que tienen su raíz en complicaciones operacionales. Al ser un monopolio estatal, la ineficiencia, lejos de ser razón para hacer ajustes y ser más competitiva, se le pasa al consumidor, aumentando el costo de vida en Puerto Rico. Y aunque es cierto que en los pasados dos años el costo de la luz ha bajado en un 30 %, la realidad es que mientras reine el statu quo, el ciudadano corre el peligro de que en algunos meses su factura se vuelva a disparar. Sin un cambio profundo, no se le puede dar estabilidad y certeza a la gente y a las empresas que dependen a diario de este servicio esencial.

El cambio que plantea Donahue, y que ya ha recibido el endoso de la administración, establece una modificación a todos los niveles en la Autoridad. El plan propone cambios profundos a cómo la corporación le sirve a sus clientes, cómo se relaciona con sus empleados y las uniones y cómo maneja la deuda con sus acreedores. Todos los sectores tienen que ceder en algo. Si el cambio no es equitativo —si la carga no es compartida— nos abocamos al fracaso. Pretender mantener los privilegios tanto de empleados como de bonistas ante la posibilidad de un impago es una estrategia contraproducente: si la Autoridad no puede continuar vendiendo energía, no solo se afecta el servicio al ciudadano, sino que además se le hace imposible pagar la deuda y los salarios.

Compartir la carga además hará posible el que se compartan los beneficios de una transformación sostenible para la Autoridad. La gente pide a gritos el que se estabilice la tarifa del servicio eléctrico.

Las fluctuaciones repentinas en el precio de la luz son el resultado de un sistema anticuado de generación que depende desmedidamente del petróleo. Un cambio profundo provocará la modernización de algunas plantas y la sustitución de otras para así incluir nuevas fuentes de energía en el sistema. Y en la medida en que se diversifique, se protegerá al consumidor del riesgo de variaciones en el precio del servicio.

Los problemas de la Autoridad no son de reciente creación. Tomaron décadas en formarse y consolidarse como obstáculos al desarrollo del país. De igual forma, no se atenderán de un día para otro. Pero el camino emprendido, aunque controversial, es impostergable. El sector privado necesita que la electricidad vuelva a ser motor de crecimiento y no un impedimento a este. El individuo necesita seguridad en sus finanzas personales y la garantía de un servicio confiable al menor costo posible. Y todos necesitamos, como escribí en una columna en este rotativo en octubre de 2013, “acabar con el secuestro del país” al que nos tiene sujetos la Autoridad.