Columna de Yolanda Rosaly: Caitlyn Jenner, ¿admiración o morbo?
¿Hasta dónde llega nuestro morbo o nuestra hipocresía? Pues creo que muy lejos, hasta el infinito y más allá. Esa es la reflexión que me deja este asunto de…
Por Yolanda Rosaly @YolandaRosaly
¿Hasta dónde llega nuestro morbo o nuestra hipocresía? Pues creo que muy lejos, hasta el infinito y más allá. Esa es la reflexión que me deja este asunto de Bruce Jenner ahora conocido (a) como Caitlyn, pues no puedo encontrarle otra explicación por la que este ser haya roto todos los récords de portadas, redes sociales y exposición en cuanto medio exista tras posar como toda una mujer para la prestigiosa revista Vanity Fair.
¿Tiene idea de cuántos hombres en los cinco continentes se han sentido y han tomado la misma determinación de Bruce? ¿De ser un ‘él’ y cambiar sus vidas radicalmente hasta convertirse plenamente en una ‘ella’? Hablo de millones, conocidos y desconocidos. Pero ninguno ha llamado tanto la atención como Bruce, sencillamente por ser padrastro de las insulsas Kardashian, también producto del mercadeo, de la imagen que, sin dudas, ‘lo es todo’, como dicen varios de mis buenos amigos y amigas. Y es cierto. ¿Por qué y cuánto nos afecta el asunto como para que se convierta en un issue tan grande como para que haya roto récords de seguidores en las redes sociales y hasta el presidente Obama le haya escrito un tuit?
Muchos responderán que este evento ha servido para traer el tema a colación, ponderarlo, discutirlo, aclararlo y educar. Pues, si así fuera, qué bien. Pero lo que me preocupa es que de lo anterior hay muy poco y que solo se habla por hablar, sin sustancia y con un gran contenido de hipocresía. Apuesto a que un alto porciento de quienes dicen “que haga lo que quiera y sea feliz”, es decir, #tequeremoscaitlyn, son hipócritas que, al conocer de situaciones parecidas entre ciudadanos comunes, únicamente son capaces de pronunciar insultos y burlas. Durante estos días he escuchado y leído decenas de expresiones en apoyo a la determinación de Bruce o Caitlyn, como lo o la quiera llamar, de supuesto apoyo, respaldo y comprensión de sus actos. ¿Pero en realidad así lo sienten?
Por mi parte y como práctica de lo que aquí predico, confieso que, con todo y la educación recibida, de los viajes realizados —que sin dudas amplían horizontes y promueven la tolerancia— no me es fácil digerir y sentir como “natural” un comportamiento transexual. A lo mejor también tiene que ver con los que hemos sido criados en hogares donde la religión, la que sea, ha jugado un papel protagónico. Estoy segura de que muchos de los que ahora me leen saben de lo que hablo. Sea honesto consigo mismo.
Lo anterior no tiene nada que ver con el respeto hacia cualquier ser humano. Eso no es negociable. De lo que hablo es del conflicto interno creado en aquellos que hemos vivido bajo la concepción de unas reglas sobre moralidad prácticamente inquebrantables. Una cosa es estar absolutamente claros de que en nuestra sociedad existe el libre albedrio y otra es haber crecido con creencias sobre lo que está “bien” y lo que está “mal”. Esa es y parece que será el eterno conflicto.
Así las cosas, a lo que voy es que lo más importante es ser honestos, sobre todo con nosotros mismos, que aceptemos lo que realmente pensamos y sentimos. Y, a partir de esto, comencemos o continuemos en un camino de evolución y entendimiento a través de la información. Pero, sobre todo, que lo ocurrido con Bruce/Caitlyn nos lleve a la reflexión rumbo a una total tolerancia con aquellos que no compartan nuestras creencias de vida, cualesquiera que sean.


