Columna de Dennise Pérez: ¿Enfermos mentales o carnepuercos?

Estamos viviendo, sin duda, momentos difíciles. Y las manifestaciones en salud mental son fuertes y patentes.

Por Dennise Y. Pérez @denniseypr

26 may 2015, 11:00 pm 4 min de lectura

Estamos viviendo, sin duda, momentos difíciles. Y las manifestaciones en salud mental son fuertes y patentes.

Hace unos días vimos un video, gracias a la magia de las plataformas gratuitas sociales, de una mujer en pleno episodio de incoherencia y locura, tirada en la vereda de un río, gritando que estaba enamorada, que era inocente, que era el diablo, que era lesbiana y que era Acevedo Vilá.

Todos esos elementos, sumados al hecho de que nada más y nada menos que es agente de la Policía de Puerto Rico, hicieron de su locura un trending topic. No sé cuántas veces se vio su video, pero yo nada más lo vi al menos diez veces. Y lo vi con ojos de pena, no con los ojos de morbo y de risa de muchos de los que convirtieron el video en viral, y eso incluye a quien la grabó, que se escucha decir que lo va a poner “en to’as las redes” y que ella no es nadie para que el gobernador le dé audiencia.

Vi ese video con sorpresa y con mente abierta para intentar adivinar qué pasaba por esa cabecita. Y no era Heineken ni pastillas ni Don Q. Quizás algo de eso había, pero en lo más profundo de esa escena hay una mente perturbada y llena de dolor. Hay un ser humano sufriendo de amor, mínimamente, que no es poco, y con un cúmulo de tristeza de tres pares, que sacó al parecer un arma de fuego en pleno episodio de locura, lo que provocó el arresto, cierto y merecido si así fue. Pero hay algo en esa cabeza que nadie se ha ocupado de destapar, al menos no públicamente.

Sus compañeros de trabajo y sus supervisores hablaron a la prensa y dijeron que hasta el viernes antes de su lamentable episodio les parecía que era una persona “normal”. Resulta que en 48 horas descubrieron con pena que no lo era. A ellos también los comprendo. Las señales no son obvias todo el tiempo. Por eso y con mayor interés pienso en qué despertó todas las alarmas de su cuerpo de tal manera.

Existen tantas enfermedades, tantos diagnósticos, unos más clásicos, otros más de moda. No soy psiquiatra ni experta en conducta. De hecho, no me entiendo del todo yo misma, pero no podemos olvidar que a veces el diagnóstico más común puede ser el más peligroso si no se atiende a tiempo.
Ayer, en medio de una conversación ordinaria con mi mejor amigo, terminamos hablando del Déficit de Atención e Hiperactividad (ADHD), por circunstancias que no vienen al caso. Y mi amigo, que es una eminencia a la hora de ponerte los pies en la tierra, hizo una pausa al otro lado del teléfono y me dijo: “Dennise, yo creo que tú tienes eso. Es más, yo creo que yo tengo eso. Es más, yo creo que todos mis hijos tienen eso”. Y yo me eché a reír porque es verdad que de un tiempo a esta parte casi todo el mundo tiene un diagnóstico similar.

Sin pretender echar a menos el diagnóstico, la cantidad de gente que tiene ese padecimiento es verdaderamente curiosa. Conozco cuadros familiares completos con ese diagnóstico y no son muy diferentes a usted ni a mí. Quizás con el desarrollo de la ciencia y los nuevos descubrimientos fisiológicos y mentales estamos más prestos a la definición. De nuevo, no quiero echarlos a menos. Es importante y es crítico, pero mi amigo tiene razón. Es muy probable que él y yo, de haber nacido en esta época, hubiéramos sido diagnosticados con la enfermedad.

Su punto es válido y no es para echar a menos el padecimiento. Se puede tener el diagnóstico y ser funcional a la vez. Tratado adecuadamente, se puede. Y lo bueno es que dado que la ciencia sostiene el diagnóstico, se percibe también diferente. Ahora se tiene un síndrome. Antes, mi amigo y yo éramos carnepuercos o despistados, así de simple. Y nos castigaban, no nos medicaban.

Hay que tomar conciencia, mirar los síntomas, ir más allá de la “dermis” de las situación. Adentro, muy adentro, a veces se esconde la esencia de cada ser y de cada mente. Unos tienen finales felices, unos terminan en YouTube y unos terminan muertos. No es joda.