Columna de Armando Valdés: Responsabilidad colectiva e individual
La gerencia actual de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados, enfrentada con una crisis producto de factores naturales, humanos e infraestructurales, ha…
Por Armando Valdés @armandovaldes
La gerencia actual de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados, enfrentada con una crisis producto de factores naturales, humanos e infraestructurales, ha liderado una reacción responsable, efectiva y sensata. Desde hace un año, cuando por primera vez durante este cuatrienio enfrentamos una sequía, los llamados por parte de la Autoridad a la conservación del recurso agua, la reducción de producción en los principales sistemas que suplen la zona metropolitana, la reactivación de pozos y la reparación de innumerables salideros han extendido significativamente la capacidad de los abastos disponibles.
Aún así, vivimos una realidad que no es exclusiva de Puerto Rico ni de los últimos dos años y que, dadas las realidades del cambio climático, podríamos experimentar con mayor frecuencia si no comenzamos a modificar nuestros patrones de conducta.
A manera de ejemplo, el estado de California está en el cuarto año de una sequía multianual. Ya algunos académicos, como el Profesor Simon Wang de Utah State University, han hallado vínculos causales entre el cambio climático producto de los gases invernadero y la severidad de dicho fenómeno.
En nuestras costas han habido frecuentes periodos de escasez de lluvias a través de la historia. Muchos recordamos la sequía del 1994 por su severidad y por la pobre reacción del Gobierno en aquel momento, que obligó a largas interrupciones en este servicio esencial.
En lo que sí nos distinguimos del ejemplo californiano es en el acercamiento como individuos a un problema que literalmente pone en precario la sustentabilidad de nuestra sociedad. En varios condados y ciudades del referido estado, el Gobierno puede imponer y a menudo impone multas de hasta $500 por el uso indebido del recurso durante etapas de escasez. En cambio, aquí vemos cómo algunos llenan piscinas inflables y, por no limitar la crítica a solo un sector, pregúntense cuántos vecinos suyos han limitado el lavado de sus lujosos automóviles.
Es muy probable que continuemos enfrentando sequías en los próximos años. Lo que debemos evaluar es cómo mejor manejamos el recurso para mitigar el impacto de esta realidad natural. Sin duda, harán falta mejoras a la infraestructura de la Autoridad. Pero igual hace falta que cambiemos nuestros patrones de consumo y que como individuos asumamos la responsabilidad de ser agentes de cambio. Se comienza por cosas básicas como un uso más juicioso del líquido, pero se puede llegar incluso al desarrollo de sistemas que nos permitan utilizar las aguas pluviales en nuestros hogares.
De lo contrario, veremos recurrentemente impactos a la economía —en el 1994, la AAA estimó las pérdidas, solo a la agricultura, en $165 millones—, a nuestro estilo de vida y a la salud de nuestra gente. En este ambiente económico, social y político, es un costo que no podemos asumir.
Nota: Una versión de esta columna apareció en este rotativo el 1 de agosto de 2014.
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