Opinión: Dos caminos
Puerto Rico ha llegado al final de un camino. Este camino lo emprendimos cuando decidimos que tomar prestado contra ingresos futuros era una solución mágica…
Por Armando Valdés @armandovaldes
Puerto Rico ha llegado al final de un camino. Este camino lo emprendimos cuando decidimos que tomar prestado contra ingresos futuros era una solución mágica para los problemas del presente. Cuando un Gobierno anexionista decidió que la incompatibilidad de su ideal con el incentivo contributivo que concedía la sección 936 justificaba abogar por su eliminación. Cuando optamos por un estilo de vida que excede por mucho nuestra capacidad de costearlo. Cuando nos cegamos ante las señales que en esa misma ruta nos advertían de los peligros que estaban a la vuelta de la esquina.
Hoy no tenemos más remedio que enfrentar la realidad, tal como nos invitó a hacer el gobernador Alejandro García Padilla en su mensaje de Estado. Cuando todavía teníamos alternativas, las desperdiciamos. El cuatrienio pasado se tomó prestado $16 mil millones —la cantidad más alta en la historia — no para incentivar la inversión, crecer la economía y paulatinamente reducir el déficit, sino para seguir con las mismas prácticas del pasado. Tan es así que llevaron el gasto total del Estado en el año fiscal 2011-2012 a un nivel —también históricamente alto— de $12 mil millones.
Todo ese dinero tomado a préstamo, particularmente del 2009 al 2012 cuando ya los inversores habían comenzado a exigir más y mejores términos al momento de prestarnos, acabó con la capacidad crediticia del Gobierno. Los términos que nos exigieron nos pusieron en la posición de tener que aumentar dramáticamente los pagos por el servicio a la deuda en corto plazo. De ahí que el año fiscal próximo el pago de la deuda constitucional únicamente se eleve a la cifra de $1,100 millones —más del 10% del presupuesto total.
Y así, a fin de cuentas, es como llegamos a donde estamos. Para usar un ejemplo simple, es como si en un mismo año todos los pagos de los préstamos, las hipotecas y las tarjetas de crédito de un hogar se duplicaran y, a su vez, se redujeran los ingresos de los integrantes de ese hogar. No podrían siquiera ir al banco a pedir que se refinanciaran sus pagos, ya que nadie les prestaría con tan poco ingresos.
Las alternativas que tenemos no son muchas y todas conllevan costos políticos y económicos. Recortar gastos suena simpático hasta que, como sucedió esta semana, se anuncia la amplitud de la reducción que sería necesaria para paliar el déficit. Aumentar recaudos no le gusta a nadie, salvo que solo le toque a otro la responsabilidad de pagar más. Pero ante esta realidad, con el recaudo de unos pocos no dará: debemos aportar todos.
Tenemos que emprender otro camino, un camino de sacrificio y responsabilidad. Tenemos que todos estar dispuestos a aportar algo. El egoísmo, tanto de sectores empresariales como de algunos líderes políticos, no nos moverá en la dirección correcta.
Este camino requiere que estemos dispuestos a pagar un poco más, a ceder beneficios y a renegociar el contrato entre nosotros, el pueblo y el Gobierno. Hace falta que nos limitemos a solo lo que podamos pagar.
Más aún, requiere que apostemos a Puerto Rico. Hace falta que los bancos presten dinero a pequeños y medianos empresarios y a parejas jóvenes para que adquieran su primer hogar. Hace falta que el consumidor compre el producto fabricado o cosechado aquí. Hace falta que invirtamos en la excelencia de aquellos jóvenes que generarán conocimientos, capital y riquezas aquí. Hace falta que nos quedemos y lo arriesguemos todo por la patria.
No es un camino fácil. No es tan cómodo como el que nos trajo a este punto. Pero es el único que nos permitirá nuevamente levantarnos con orgullo ante el mundo.
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