Opinión: Recortes, pero de verdad

No voy a comentar sobre si el mensaje estuvo bien o mal o si los legisladores disidentes se merecen el castigo o no. Tampoco dedicaré este escrito al llanto de…

Por Rafael Lenín López @LeninPR

6 may 2015, 11:00 pm 3 min de lectura

No voy a comentar sobre si el mensaje estuvo bien o mal o si los legisladores disidentes se merecen el castigo o no. Tampoco dedicaré este escrito al llanto de la secretaria de Agricultura o a la percepción de muchos de que toda la discusión reciente se trata de una presión exagerada de La Fortaleza a la Legislatura tras la derrota de la reforma contributiva.  Más que todo eso, me ha escandalizado conocer con detalles, la cantidad de gente que recibe dinero de nuestras contribuciones a cuenta de que son organizaciones comunitarias, sin fines de lucro o de ayuda social.

En medio de la discusión sobre los recortes previstos para el próximo año fiscal que comienza en menos de dos meses y si es que no hay entendidos entre las partes para nuevas medidas de recaudos, se ha publicado una larga lista de entidades que verían reducidas las asignaciones que reciben anualmente del presupuesto gubernamental.  Oigan, y la lista es exageradamente larga, rayando en lo obsceno.

Muy bien podríamos todos concluir que, ¡ah bueno, para que se lo malgaste el Gobierno, mejor se lo damos a gente que sí lo usa!  

Sin embargo, ¿en qué momento se nos fue la mano en la distribución de nuestro dinero público a cuanto “pidión” llega a las oficinas del Gobierno?   De hecho, muchos llegan con poderosas “palas” que les ayudan a conseguir el dinerito.

Si bien es cierto que el Estado no puede resolver todos los problemas y tiene que delegar muchas tareas a “organizaciones no gubernamentales” (y el concepto esta totalmente en entredicho por los vínculos cada vez más notables de estas con las finanzas públicas), también debe ser correcto advertir que los chavos no pueden ser repartidos a tutiplén para que desde el Gobierno se zapateen los problemas de los distintos sectores de nuestra sociedad.

Indagando sobre el tema, ayer le pregunté a la directora ejecutiva de la Cruz Roja en Puerto Rico en qué usaban el medio millón de dólares que recibían anualmente del Gobierno. Me dijo que además de ayudar a los damnificados, lo usaban para sus gastos operacionales, tales como nómina y el pago de utilidades. Es decir que la aportación que da el Gobierno les regresa por concepto del pago de facturas. La gran diferencia es que el dinero no regresa al maltrecho fondo general, sinó a las corporaciones públicas que se encuentran en eternas reestructuraciones que son producto del mal uso de sus fondos.

Otro ejemplo es SER, una gran organización que hace un gran trabajo en nuestro país. Sin embargo, en un escenario ideal, su presencia debería ser mínima, si es que tuviéramos programas gubernamentales que sirvieran adecuadamente a la población de discapacitados. Sin embargo, optamos por la donación sin mejorar el servicio público.

Viendo la lista de organizaciones que reciben cientos de millones de dólares en fondos públicos todos los años, creo que la coyuntura que vivimos debe servir para revaluarlas todas y limitarlas a las que verdaderamente supongan un bienestar social.  Atrás deben quedar los panismos y las ayudas sin sentido.   Museos, grupos de promoción cultural —tipicamente de elites—,  entidades educativas y otras deben redoblar esfuerzos para recaudar fondos privados y claro que sí, el Gobierno colaborando con ello.  Pero por estar todos dependiendo del Gobierno para todo es que estamos así.

Independientemente se aprueben medidas sustitutas al IVA, toda esta discusión debe redundar en recortes permanentes en todos los ámbitos sin que ello suponga un disloque en nuestra economía y en los servicios que necesitamos.  Debemos vivir el país que podemos pagar, aunque debo aceptarles que, en torno al debate actual de la situación fiscal, compro la teoría de que hay algo de “retórica alarmista”.   Ya sabremos en dos meses.

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