Opinión: El corazón gigante de José, Luisito y Kobbo

Pues, es hora de que se sepa. Durante años y muy recientemente me he visto en el “compromiso” de mantener en silencio una serie de situaciones relacionadas con…

Por Yolanda Rosaly @YolandaRosaly

29 abr 2015, 11:00 pm 3 min de lectura

Pues, es hora de que se sepa. Durante años y muy recientemente me he visto en el “compromiso” de mantener en silencio una serie de situaciones relacionadas con la generosidad de muchas figuras públicas hacia colegas y hasta con personas desconocidas por ellos. En su afán por serle fiel a la consigna “haz bien y no mires a quién”, realizan un sinnúmero de grandes obras de interés humano que han preferido mantener en el anonimato.

A estas alturas y debido a que leo, veo y escucho tantas críticas a la ligera, sencillamente basadas en una percepción fugaz (sobre todo en televisión), me da coraje que no se tomen en cuenta otra serie de valores que acompañan a esas personas que a diario o con frecuencia estuvieron y siguen apareciendo en la pantalla chica.

Y esto de la redes sociales ha venido a darle foro a miles de personas que antes no tenían cómo darle rienda suelta a sus opiniones. Lo que pasa es que no todas son positivas y, aunque nadie es perfecto, no siempre las críticas son constructivas, sino todo lo contrario. Entonces, se generaliza y se obvian muchos datos que, si se supieran, los comentarios serían otros…

¿De quiénes hablo? Para comenzar, de José Santana, quien en cuanto supo que Papo Brenes entraría a un fuerte proceso de tratamiento tras el diagnóstico de cáncer en el páncreas, de inmediato se puso a la disposición de los productores del programa Como Coco (de WIPR) para ofrecerse como recurso para sustituirlo. Pero, de entrada, dejó claro que no cobraría un centavo y que su única exigencia sería que el pago por su trabajo lo siguiera recibiendo, íntegro, el amigo Papo.

Como José, hay muchos y muchas que han hecho lo propio en diversas circunstancias. Por ejemplo, el gran Luisito Vigoreaux quien, detrás de su imagen de hombre malhumorado, peleón, mal hablado y neurótico, se esconde un ser humano con un corazón gigante que ha ayudado ­—de forma anónima— a decenas de compañeros actores y otros miembros del mundo del espectáculo: desde darle dinero y trabajo (lo que ha significado, para muchos, tener comida en sus neveras) hasta un techo seguro donde dormir.

Y, en esa misma línea, está el señor Kobbo Santarrosa, quien también tiene un corazón que no le cabe en el pecho. Aparte de todo lo que algunos puedan tener en su contra, les aseguro que su generosidad nunca ha medido cantidad ni esfuerzo para ayudar a muchos a quienes ni tan siquiera conocía.

Por citar sólo un caso —que conozco de propio y personal conocimiento pues, por cosas de la vida, me encontraba presente cuando ocurrió— vi cómo una madre residente de un pueblo del centro de la isla con tres hijos pacientes de distrofia muscular recibió una guagua “de paquete” con especificaciones para trasladar a personas con discapacidad; esto tras el afamado productor ver un reportaje sobre cómo esta mujer hacía malabares para llevar a sus citas a sus tres criaturas en un carrito viejo y compacto.

Así las cosas, mis respetos para estos caballeros, por lo que han hecho y por todo aquello de lo que no me he enterado que posiblemente supere lo antes mencionado, y mi “perdón”, pues es posible que nunca haya sido su deseo ni intención que esto se supiera, pero tiene que saberse. Es lo justo. Y gracias a todos aquellos que han recibido tanto a través de su trabajo en los medios de comunicación y se han ocupado de compartir sus bendiciones, como debe ser.

Así, no tan solo se hace televisión, sino que se hace patria. ¡Gracias!

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