Opinión: La bella felicidad de Facebook
El arraigo de las redes sociales es una cosa seria. Hay miles de escritos sobre su impacto en la sociedad y cómo ha impactado, alterado o subrayado…
Por Dennise Y. Pérez @denniseypr
El arraigo de las redes sociales es una cosa seria. Hay miles de escritos sobre su impacto en la sociedad y cómo ha impactado, alterado o subrayado personalidades de todas clases.
Soy fanática de las redes sociales y soy lo que llamaría usuaria frecuente. Si obtuviera un punto por cada vez que entro o me expreso, intentaría a toda costa poder cambiarlos por millas aéreas para tener un par de viajes exóticos al año. Al fin y al cabo a eso me dedico, a comunicar. Y las redes me permiten un nivel de expresión inmediato, desahogos en muchos casos. Las redes son, sin duda, mi nuevo periódico.
La gente debate si todo lo que se postea es necesario. Yo abogo porque la gente postee lo que le dé la gana y que la persona que esté del otro lado decida si se lo come o no, si quiere leer a ese “amigo” o no. Después de todo, como en la vida, ser amigo en Facebook es voluntario. Personalmente, soy muy tolerante a los posteos ajenos, muchos buenos, profundos, otros vagos y vacíos, pero son reflejos de un momento de esa persona. Después que no tengan horrores ortográficos, pa’lante. Cada loco con su tema.
Ahora, lo que empieza a “tripearme” mucho son las fotos. Me encantan las fotos y creo que hablan más que muchas palabras. No soy psicóloga, pero la verdad es que a juzgar por las fotos de la gente en las redes, no hay tristeza, no hay depresión. ¡No hay ni siquiera pelambrera! Todo es felicidad, unión y abundancia. A juzgar por Facebook, los psicólogos y los psiquiatras están en serios problemas económicos en Puerto Rico. Nadie los visita. Nadie los necesita.
Los entiendo. Nadie postea fotos de momentos malos o casi nadie, porque he visto un par de sorprendentes excepciones a esta regla. La gente común no es Maripily. No los mueve la controversia ni necesita subir fotos de sus tragedias porque no se las vende a nadie. Son mayormente propias y privadas.
Lo que no me encanta son las fotos retocadas y con filtros. Es el nuevo y gratuito Photoshop de nuestro tiempo. Y cuidado, que el Photoshop es de los inventos más prácticos y a la vez más peligrosos que conozco. Bien usado, te esconde una marquita en la cara y todo bien. Mal usado, te convierte en Michael Jackson.
Hay que tener cuidado. Lo veo mucho, hasta en políticos. Hay algunos que para mí se toman riesgos bien altos en las elecciones. La foto es de la papeleta, del senior prom o de su hermano, pero no de ellos. A veces hay que mirar detenidamente para asegurarse por quién vota. Aunque debo decir que el excesivo uso del Photoshop los descarta para mí como alternativa. Si no exhibe sentido común y tanto desea ocultar su realidad, ¿para qué los queremos? Tan sencillo como eso.
Los filtros, los sepia, todas esas cosas utilizadas en exceso quiebran el sentido de la red social, que apuesta a la prisa, a la inmediatez, a la reacción natural y espontánea. Si la foto está fea, horrenda, no satisfactoria, es fácil: no se sube. Pero personalmente prefiero que figuren mis arrugas si se ven y que el cuello se vea cuello y no quijada extendida. Claro, si puedo cropear un chichito, ¡venga!
En eso Instagram es un palo para los truqueros. Siempre exactos, siempre regios, ni un pelo fuera de sitio. Todo es bello. ¡Kardashian!
Ahora, hablando en serio, haga lo que quiera en las redes sociales, siempre que no exhiba mal gusto. Pero no olvide que la red es social y que la sociedad no es perfecta. Permítase ser usted y exhíbase como tal. No hay nada más chulo que ser uno, que ser natural.
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